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Amityville

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Este remake de la precuela de 1982 de The Amityville Horror no logra impactar, pese a que se basa en un caso real extremadamente perturbador

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 07 Nov de 2019

Daniel Farrands / John Robinson, Chelsea Ricketts, Paul Ben-Victor, Burt Young, Lainie Kazan

La vigesimotercera película basada en el horror de Amityville, pertenece al inmenso grupo de trabajos mediocres inspirados en la casa maldita. Cortesía Santa Barbara Films


Amityville: el origen de la maldición

La casa de Amityville, ubicada en 112 Ocean Avenue en la costa sur de Long Island, Nueva York, tiene en su haber 22 películas inspiradas en los hechos ocurridos en su interior el 13 de noviembre de 1974, cuando Ronald DeFeo Jr, sin ninguna explicación más allá de la enajenación mental, asesinó a los seis miembros de su familia mientras dormían.

Ahora llega la 23 (24, si se cuenta la referencia a la casa hecha en la segunda parte de El conjuro), la cual es prácticamente un recuento de los asesinatos en clave sobrenatural, y un remake de la cinta de 1982 Amityville 2: The Possession, dirigida por Damiano Damiani y la segunda mejor de la serie de películas (después de la primera de 1979 titulada The Amityville Horror, basada en el libro del mismo nombre y que cuenta cómo, en diciembre de 1975, la familia Lutz pasó a vivir a la casa y huyó despavorida de ella 28 días después, debido a una serie experiencias sobrenaturales).

Amityville: El origen de la maldición es un nuevo intento por revivir una serie que cayó en un pozo séptico de películas terriblemente malas. En 2005 se realizó un remake de la primera parte, que terminó siendo toda una decepción, y en 2017 se intentó resucitar la saga con la cinta Amityville: The Awakening, con resultados similares.

Aquí, el director y guionista Daniel Farrands (autor de la mediocre sexta parte de Halloween) nos muestra cómo Ronald “Butch” DeFeo pasa de ser un joven maltratado y menospreciado por un padre abusivo (Paul Ben-Victor) a convertirse gradualmente en un asesino en serie, debido a unas fuerzas sobrenaturales que habitan en la casa y que fueron invocadas a manera de juego por él y su hermana Dawn (Chelsea Ricketts).

Mientras que la película de Damiani nos introducía en el infierno de una familia disfuncional y de un hombre tocado por la locura, la cinta de Ferrands no se decide entre ser una mala imitación de El conjuro o una película de horror psicológico con subtextos acerca del maltrato intrafamiliar y el porte de armas al interior del hogar.

Lo cierto es que el tema en sí es muy perturbador (y más si se sabe que el caso es real), pero esta cinta no lo sabe explotar y termina siendo un trabajo genérico que vuelve a demostrar que es mejor dejar descansar para siempre a la casa de Amityville.


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