Anthropocene

3.00

Un documental ecológico con una fotografía impresionante, que nos muestra los terribles efectos que ha causado la actividad humana en el planeta

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 09 Sep de 2019

Jennifer Baichwal / Edward Burtynsky, Nicholas de Pencier

La tercera parte de una trilogía sobre la era geológica del “Antropoceno”, goza de una fotografía que guarda gran belleza, pero, al mismo tiempo, suscita tristeza y horror. Cortesía del Festival de Cine de Canadá


Anthropocene (término formulado por el Premio Nobel de química Paul Crutzen y que se refiere a nombrar la era geológica actual caracterizada por el impacto del hombre sobre la tierra) es la tercera colaboración entre la directora Jennifer Baichwal (procedente de Montreal) y los fotógrafos Edward Burtynsky (procedente de Ontario) y Nicholas de Pencier (esposo de Baichwal), enfocada en la influencia de la actividad humana en el cambio ambiental, especialmente en su degradación, luego de los trabajos Watermark de 2013, y Manufactured Landscapes, de 2006.

La actriz Alicia Vikander narra este documental dividido en capítulos con nombres como “terraformación” y “tecnofósiles”, que incluye un gran contenido visual. En esta especie de heredera de la trilogía Qatsi de Geoffrey Reggio, se podrán contemplar escenas de una gran belleza, pero que al mismo tiempo suscitan terror, como la quema de colmillos de elefante producto de la caza furtiva en Kenia, la inauguración de un gigantesco túnel en Suiza, la quema de colmillos de elefante producto de la caza furtiva en Kenia, la explotación de una mina de potasa (carbonato de potasio) en Rusia, el blanqueamiento de coral en Indonesia y la inmensidad de las canteras de mármol en Carrara, Italia. Gracias al impresionante trabajo de fotografía, el espectador sentirá que está viendo una película de ciencia ficción o que se está asistiendo a la representación de la vida en otros planetas.

Sin embargo, Anthropocene cae en el lugar común de muchos documentales de su tipo, que consiste en sesgar la mirada del espectador hacia la desesperanza y el apocalipsis. Esto hace que el público salga de la sala de cine abrumado, deprimido y lleno de incertidumbre sobre el futuro de nuestro planeta. Es cierto que un documental debe comunicar ideas y valores sociales, pero la diferencia con un gran documental, es que este último generalmente apunta a un cambio positivo de las condiciones sociales y económicas y no se queda en la denuncia.



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