At Eternitys Gate

3.50

Ha habido bastantes películas sobre el artista holandés, pero ninguna tan atractiva e influyente como la de Julian Schnabel

por PETER TRAVERS | 18 Mar de 2019

Julian Schnabel / Willem Dafoe, Rupert Friend, Mads Mikkelsen, Oscar Isaac, Mathieu Amalric

Willem Dafoe como Vincent Van Gogh. Univers /Lili Gavin


Van Gogh en la puerta de la eternidad

Hay películas biográficas de artistas que no piden más que una simple reacción de la audiencia, pero ese no es el caso de la extraordinaria Van Gogh en la puerta de la eternidad de Julian Schnabel, que contiene una monumental actuación de Willem Dafoe como Vincent Van Gogh. No es que Schnabel no esté encantado con lo que el holandés pintó, pero el director quiere meterse en la cabeza del artista atormentado y hacernos ver lo que él ve, como si estuviéramos viviendo su vida y no solo viendo.

La cinta deslumbra los sentidos con las capturas del cineasta Benoît Delhomme: la luz solar sobre las flores, los campos de trigo y cualquier cosa que haya llamado la atención del artista. También es un estudio de la agonía que sufrió durante sus últimos años (se suicidó en 1890 a los 37 años): loco de talento y de sus propios delirios violentos, hasta el punto de cortar su oreja.

Aunque la película comienza en París, donde es ignorado y su hermano no lo puede ayudar, el artista se va a Provenza, donde su colega Paul Gauguin (Oscar Isaac) afirma que la luz es maravillosa. En Arles fue donde Van Gogh terminó 75 pinturas en 80 días. En la naturaleza se siente eufórico. “Cada vez que miro, veo algo que no he visto antes”, dice. Y Julian se asegura de que también sintamos esa euforia. Es el comportamiento antisocial del pintor el que lo lleva a un manicomio, donde la soledad pasa factura. Van Gogh se ofende ante las críticas: “Quizá Dios me hizo un pintor para gente que todavía no está acá”, comenta de manera profética. Una frase muy acertada en el guion escrito por el director con Jean-Claude Carrière y Louise Kugelberg. A diferencia de los mitos de Van Gogh, Schnabel muestra a un artista que parece más racional a medida que el mundo lo rechaza por loco.

Pero en la cinta, el cineasta profundiza en el arte de hacer arte y el costo humano que esto implica. Dafoe, quien parece un autorretrato real de Van Gogh, se convierte en el lienzo en el que el Schnabel plasma sus sentimientos. Puedes debatir sobre los méritos de la película como drama y de su plenitud como biografía, pero el director y la estrella te hacen sentirla en los huesos. Y sin duda, eso es un triunfo artístico.


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