Barry Lyndon

4.00

He aquí la película con la fotografía más bella en la historia del cine

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 21 Aug de 2019

Stanley Kubrick / Ryan O’Neal, Marisa Berenson, Patrick Magee

La película más subvalorada de Stanley Kubrick, es también una de las mejores de su filmografía: elegante, hermosa, profunda y conmovedora.


Luego de que 2001: A Space Odyssey obtuviera un inmenso éxito tanto con la crítica como con el público, el director Stanley Kubrick se embarcó en una osada misión, la cual consistió en llevar al cine la historia de Napoleón Bonaparte en una superproducción que dejaría al Napoleón de Abel Gance como un trabajo minúsculo. Sin embargo, el temor de los estudios de Hollywood hizo que su cometido nunca llegara a cumplirse debido a que, a finales de los sesenta, los grandes épicos no estaban en su mejor momento.

Kubrick decidió entonces filmar A Clockwork Orange y, pese a su controversia, también fue un éxito. Esto llevó al director a volver a pensar en Napoleón. Pero, al final, terminaría adaptando La suerte de Barry Lyndon, una novela picaresca de 1884 escrita por William Thackeray que, de un modo didáctico, reflexiona sobre el individualismo, y sobre el efecto negativo de las instituciones sociales sobre este. Aunque la intención previa era la de adaptar Vanity Fair, otra popular novela del autor, el anuncio de una miniserie para la televisión sobre Becky Sharp, lo llevaría a inclinarse finalmente por Lyndon.

Los estudios Warner accedieron a financiar este drama de época, con la condición de que le otorgara el papel protagónico a uno de los actores más taquilleros, según una encuesta que se realizaba cada año en Hollywood. Dentro de la lista de los diez primeros se encontraban Marlon Brando, John Wayne, Charles Bronson, Paul Newman, Robert Redford, Burt Reynolds y Steve McQueen. Encabezando la lista estaba Clint Eastwood, pero en la posición número dos se encontraba Ryan O’Neal, quien acababa de tener un enorme éxito con Love Story.

Para Kubrick, los únicos candidatos serios eran Robert Redford y O’Neal. Pero al final, sería el último quien protagonizaría la cinta, en una tormentosa colaboración llena de enfrentamientos, malos entendidos, diferencias de opinión y acaloradas discusiones. Vale la pena decir que O’Neal jamás volvería a estar en esa privilegiada lista de actores, siendo Barry Lyndon la cinta con la mejor interpretación de su carrera, más no el éxito comercial que los estudios esperaban.

Narrada por el tío de Redmond Barry (con la hermosa voz de Michael Hordern), la cinta cuenta las aventuras de este bribón, un atractivo joven irlandés que huye de su pueblo luego de un duelo con un oficial inglés (Leonard Rossiter), para luego unirse al ejército inglés. Más adelante, veremos cómo Barry es despojado de su fortuna, lucha en la guerra de los Siete Años, intenta desertar, termina en el ejército prusiano, se convierte en el espía del estafador Chevalier du Balibari (Patrick Magee), se dedica a la vida de juego en las cortes de Europa, y termina contrayendo matrimonio con Lady Lyndon (Marisa Berenson), una viuda tan hermosa como adinerada.

El narrador, gracias a su posición de tercera persona en el relato, se adelanta a los hechos y nos previene sobre las futuras desventuras de Barry, las cuales incluyen una búsqueda desenfrenada de preeminencia social, su descuido a la familia que desencadena una trágica muerte y una serie de desastres que terminan en un nuevo duelo.

El uso de piezas musicales de Vivaldi, Bach, Schubert, Händel y The Chieftains, así como la dirección de arte de Ken Adam y el diseño de vestuario de Milena Canonero y Ulla Brit Söderlund son de una absoluta perfección (para algunos personajes se utilizaron algunos trajes auténticos de la época cedidos por un museo). Pero quizás la persona más importante en esta cinta (además de Kubrick), es su director de fotografía. John Alcott filmó a Barry Lyndon casi en su totalidad en la “hora mágica” (ese momento en medio del día y la noche, en el que la luz genera nitidez y nostalgia). Contrario a lo que muchos piensan, la película sí utilizó luz artificial en algunas escenas. Pero lo que sí es verdad, es que no se utilizó luz eléctrica para las escenas filmadas a la luz de la vela. Esto se logró gracias a unos lentes creados por Carl Zeiss para la NASA y por un tipo de película desarrollado por Kodak, que permitieron llevar a cabo esa ambiciosa y arriesgada misión fotográfica.

Lo anterior, sumado al sentido de la perfección de Kubrick (cada escena se repitió entre 20 a 50 veces como promedio), y a la intención de evocar las pinturas del siglo XVIII (especialmente las de Thomas Gainsborough), hacen que Barry Lyndon sea la película con la fotografía más hermosa en la historia del cine.

A esta cinta se le acusa de ser bella, pero vacía y aburrida. Quienes lo afirman no pueden estar más equivocados. La contención lograda por su director y guionista resulta en un trabajo absolutamente conmovedor, profundamente trágico y con un gran sentido del humor, que permite entender por qué directores como Martin Scorsese la catalogan como la mejor película realizada por Kubrick.


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