Bienvenidos a Marwen

2.00

El director Robert Zemeckis relata la historia de un exsoldado que usa figuras de acción como terapia artística y algunas cosas se pierden en la transición hollywoodense

por PETER TRAVERS | 22 Mar de 2019

Robert Zemeckis / Steve Carell, Leslie Mann, Diane Kruger, Merritt Wever, Janelle Monáe, Eiza González


La vida plástica no es tan fantástica

Hace 18 años, en un bar a las afueras de Kingston, Nueva York, Mark Hogancamp casi muere después de haber sido golpeado por cinco matones. Cuando despertó tras nueve días en coma, no recordaba haber servido en la marina o estar casado. También perdió la habilidad para dibujar y casi todos los recuerdos de amigos y familia. Sufrió de un TEPT severo, por lo que intentó curarse con su arte; construyó una aldea belga en miniatura de la Segunda Guerra Mundial en su patio y luego la llenó de muñecos que lo protegían.

La verdadera historia de Hogancamp exigía ser contada y lo fue en el increíble documental de Jeff Malmberg, Marwencol de 2010. Bienvenidos a Marwen, el relato semi-ficticio del director Robert Zemeckis, es un asunto más delicado. Uno nunca duda de las buenas intenciones de Zemeckis y Steve Carell, quien interpreta a Hogancamp. Tristemente, algo esencial se perdió en el viaje de Marwencol a Marwen.

Hogancamp construyó su ciudad con basura, mientras que el Marwen de Hollywood tuvo más presupuesto y, con tecnología avanzada, Zemeckis convirtió a los muñecos en réplicas de los actores. El problema es que no parecen reales: sus bordes están lijados, las articulaciones son rígidas y parecen nunca haber sido tocadas por un humano. Hogancamp fotografió a sus Barbies y soldados de G.I. Joe en poses que los hacían parecer mortales, casi humanos. Estas figuras de acción no se ven para nada reales.

Se podría decir lo mismo de las secuencias extravagantes de Hogancamp imaginándose como el Capitán Hogie. Su alter ego es un piloto bombardero y se imagina a los matones que lo atacaron como nazis. Todo está magnificado para impresionar, y aunque es fácil admirar la obra de Zemeckis y su equipo técnico, se pierde el rastro de la esencia humana en el proceso.

Es una pena, Hogancamp (y la audiencia) merece algo mejor. Entrar en la cabeza de este protagonista y de Zemeckis, podría haber sido muy potente. En cambio, es una oportunidad perdida. Bienvenido a Marwen no es aburrida, hay ideas debajo de su lujosa superficie, pero te deseo buena suerte al intentar desenterrarlas.


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