Blink-182

3.50

El segundo álbum de la banda con Matt Skiba en la guitarra es un gran logro repleto de detalles

por NICK CATUCCI | 25 Sep de 2019

¿Pop punk para adultos?


Blink-182 se escucha más maduro en Nine.

En realidad, todos los niños quieres crecer para tener sexo, conseguir una novia o dejar una huella. Dos bandas contemporáneas de Blink-182 tomaron dos caminos diferentes: Weezer cambió la ironía por una sinceridad radical con Pinkerton en 1996, mientras que Green Day se la jugó por lo político y encontró una nueva generación de fanáticos en 2004 gracias a American Idiot. Weezer regresó a lo irónico con su último sencillo, y Green Day sigue hablando de disturbios.

Aunque suene extraño, Blink-182 parece que maduró de un modo más natural. Su intención quedó plasmada cuando lanzó en 2003 su álbum homónimo. Únicamente pulieron los chistes groseros, y las mejores canciones de ese disco (I Miss You y Feeling This) siguen siendo de lo mejor de la banda. En 2005 sus integrantes decidieron darse una pausa y Tom DeLonge quiso jugársela con Angels & Airwaves. En 2009 se reunieron, pero DeLonge prefirió marcharse para investigar la vida alienígena. Ustedes saben, cosas de adultos.

Nine es el segundo trabajo con el bajista y cantante Mark Hoppus como líder definitivo, y con Matt Skiba de Alkaline Trio en la guitarra (menos mal Travis Barker sigue de baterista). Skiba es muy distinto a DeLonge. Es un vocalista cool, con su pelo peinado hacia atrás, que contrasta con el despeluque de Tom y la inocente cresta de Mark.

Hoppus, por su parte, sigue siendo la estrella, aunque se sienta raro decirlo. Pero está convencido de serlo sin necesitar de la atención que otros emos piden, aunque sí mantiene el doble sentido de algunos comentarios. On Some Emo Shit [En alguna mierda emo] es algo que un papá podría decir, pero tiene un sonido lo-fi que cualquier adolescente triste fanático de Soundcloud podría entender. Run Away también tiene este tipo de contrastes, con Hoppus y Skiba rapeando sobre un beat de Barker, que suena como un tributo a Linkin Park, antes de estallar en un coro lleno de sabores de Blink-182, pero del tamaño de la banda de Chester Bennington.

No son solo los guiños a la evolución emo lo que le da puntos a la banda. Hungover You tiene detalles muy buenos y funciona a la perfección para pintar un retrato de dos alcohólicos dependientes, aunque el coro puede ser demasiado duro. Pero es Blame It On My Youth lo que trae al Blink del pasado para compararlo con el de hoy. Cuando entra Skiba, el paisaje del que hablan se amplía. “Quedé atrapado en el barro”, recuerda Hoppus, “la inundación, el punk rock y el trago”; Skiba revela que “solo conozco las terminadas difíciles”. En lugar de dar lástima, miran hacia adentro. Cuando pasan de decir “¿Ahora me puedes perdonar?” a “Nunca pudiste destruir mi viaje”, no es una coincidencia que la segunda hable del pasado y la primera del presente.


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