Bruce Springsteen

4.50

Su imperdible show biográfico contribuye a un poderoso y excepcional álbum en vivo

por WILL HERMES | 25 Feb de 2019

Ilustración por Roberto Parada


El Bruce más auténtico que hayamos visto

Conforme los artistas se enfrentan a la era del streaming, ha habido una ola de creatividad al margen de los medios regulares; conciertos con escenarios enormes, bandas sonoras, anécdotas y cuentas de Twitter. Por décadas, Bruce Springsteen ha demostrado sus habilidades narrativas y su carisma en conciertos; en 2016 se destacó con su autobiografía Born to Run y, posteriormente, con el musical Springsteen on Broadway, que acaba de terminar su temporada en Nueva York. Actualmente, tanto una película de Netflix como un LP de una banda sonora, son ejemplos de creaciones artísticas en multiplataformas modernas.

El LP fue grabado en el teatro Walter Kerr como una réplica exacta del espectáculo, que a su vez se basó en el libro: su prólogo, reorganizado, es el monólogo inicial. Los segmentos reflejan capítulos del libro, y el resultado es sucesivamente un audiolibro, un podcast, un álbum en vivo y, en su forma más potente, un híbrido de los tres.

Esto lo hace con Growin’ Up, el relato abstracto sobre la madurez de su debut de 1973, que contiene 12 minutos de blues hablado, palabrería de cabaret, predicación y humor. Luego, cuenta la historia de su conversión al rock & roll y su éxito como imitador infantil de Elvis Presley, con varias pausas dramáticas mientras toca su guitarra acústica. Pasa al siguiente verso, y en vez de perder el impulso, lo transforma con las historias y la canción, que se construyen entre sí. Hace lo mismo en My Father’s House; primero toca la harmónica y canta; después, relata un sueño en el que se veía a sí mismo tocando frente a miles de personas, mientras estaba agachado junto a su padre.

Finalmente, todo se centra en un show acústico, como los de la gira Ghost of Tom Joad (1995-97). Con una guitarra acústica, el musical replantea la versión de Born in the U.S.A. de esa gira como un bottleneck blues que evoca a Leadbelly y Fred McDowell, y reclama su derecho a la canción de protesta. También canta The Ghost of Tom Joad con un discurso que denuncia a las personas “en los cargos superiores de nuestro país” que “quieren destruir la idea de un EE. UU. para todos”.

Sin embargo, el tema central no es la política, sino la familia, el amor, la lucha por escapar de nuestras raíces y arraigarlas. Bruce recita el Padre Nuestro y termina con su propia oración: Born to Run, que concluye con el latido de un corazón producido al golpear el cuerpo de su guitarra.

El sutil momento es una agradable metáfora del trabajo de su vida, que aún no ha terminado.


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