Burning Caravan

3.50

El tercer álbum de la banda multinacional amplía su paleta de colores

por RICARDO DURÁN | 22 Jul de 2019


La etiqueta de ‘rock gitano’ ya resulta insuficiente para la Burning Caravan. Apelar a esa categoría tenía mucho sentido en los tiempos de En el espacio (2014), sin embargo, la banda ha mantenido una exploración que expande sus horizontes artísticos consistentemente.

En Ciudad Faro logran evidenciar los vasos comunicantes que unen al jazz manouche y la música balcánica con los sonidos que identifican a varias regiones de América Latina, recordándonos que nuestro continente es un gigantesco crisol en el que se amalgaman nuestras historias por encima de todas las fronteras políticas. Nueva Orleans, Lisboa, Chernóbil, Buenaventura, Osaka, y Valparaíso, resuenan en Las calles del mundo, que recorre el mundo haciendo un recordatorio en paralelo del desastre que somos capaces de causar.

La primera mitad del álbum se siente bien afincada en los sonidos que inicialmente dieron a conocer a la banda, mientras que la segunda, con canciones como Cartas muertas, Tifón, El nuevo orden y Fenicia, la Burning Caravan mezcla gentilmente las aguas del Mediterráneo, el Caribe y el Mar Negro. En la instrumental Suburbia cambian de rumbo sin perder el norte, y nos muestran que ese carácter universal también abarca al rock más clásico, con claros guiños a los más grandes del rock sinfónico y progresivo, mientras evitan la obviedad de los solos de guitarra.

Ciudad Faro fue producido junto al argentino Mario Breuer, que ha trabajado en mezcla, ingeniería, producción, y masterización para algunos de los artistas más grandes de su país: Soda Stereo, Mercedes Sosa, Charly García, Miguel Mateos, Calamaro, Fabulosos Cadillacs y Los Redonditos de Ricota, entre muchos otros. Es toda una institución, y su mano se nota en un disco que suena con gran profundidad y proyección.

El cierre está en el sosiego de El monstruo del circo, que hace parte del musical El dueño de todas las cosas, cuya primera temporada terminó hace poco en el Teatro Colón de Bogotá. En esta obra toda la banda toca y actúa durante más de una hora, y confirma el calibre de sus talentos. Esta caravana no para, y continúa haciendo historia a muy buen paso, sin atender al canto de las sirenas.


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