Cage the Elephant

4.00

La ecléctica banda de Kentucky asume el lado oscuro del rock en un potente álbum

por DAVID FRICKE | 22 Apr de 2019

ILUSTRACIÓN POR Edward Kinsella


Existe una larga tradición en el rock & roll: escribir letras acerca del alto precio del éxito en el cansancio, la cordura y las relaciones duraderas. Las estrellas del rock moderno de Cage the Elephant hacen lo propio en Social Cues, su quinto álbum de estudio. Y es que las consecuencias se pagan caro. “Me prometieron las llaves de un imperio”, afirma el vocalista Matt Shultz en la canción de apertura Broken Boy, un tema corto de garage rock. Pero en la siguiente canción, homónima al álbum, ya está agotado y perdido. “No tengo la fuerza para ser amable”, admite Shultz contra unos sintetizadores glameros distorsionados y una guitarra metálica. “La gente siempre dice/Por lo menos suenas en radio’”, resalta en el coro, como si encontrara algo de consuelo.

Social Cues es una narración dinámica e inusitada de una banda de Kentucky que ha sido difícil de catalogar desde su éxito de 2009, Ain’t No Rest for the Wicked, un sencillo hecho con una guitarra acústica llena de slides, tintes de hip-hop y una voz engañosamente alegre (Iggy Pop con un corte sureño).

Él álbum fue producido por John Hill, una elección sorpresiva dado su trabajo con Eminem, Rihanna y Portugal. The Man. Pero el enfoque pop de Hill y el vigor excéntrico de Cage generan una tensión de sombras dibujadas con ingenio y unos coros positivos que evocan a Tom Petty and the Heartbreakers si hubieran sido criados oyendo a The Cure y a David Bowie en su etapa de Berlín.

La influencia de Bowie en Social Cues es casi literal, con un sintetizador entrecortado que proviene de Ashes to Ashes. Night Running, un dueto con Beck, tiene efectos de dub-reggae que evocan a Sandinista! de The Clash. En House of Glass el guitarrista Brad Shultz aviva la turbulencia del stacatto en las rimas de su hermano con una distorsión y poderosos powerd chords que se suman al ritmo marcial del bajo y la batería. Tokyo Smoke comienza evocando la angustia de The Cure, pero Cage la termina con una grandiosidad tan conflictiva como su cantante.

Cage The Elephant no es la primera banda en hacer un disco sobre las encrucijadas en la vida del rock. Y no serán los últimos. La lección es obvia: ten cuidado con lo que deseas. Pero cuando llegue, digiérelo con detalles vívidos. Así las cosas, ellos están asumiendo las consecuencias.


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