Calibán

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La nueva película de terror colombiana hablada en inglés es algo que hay que ver para creer

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 17 Jun de 2019

David Bohórquez / Tigre Halley, Fiona Horsey, Julio Rod Marín, Kate Benson

La película acerca de un hombre discapacitado y perturbado con una infancia traumática, dejará a los espectadores desconcertados y estupefactos por las razones equivocadas. Cortesía Cinecolor


Imagínese la película Pink Flamingos de John Waters sin el sentido del humor y sin las escenas grotescas. Así se hará una idea de lo que es Calibán, la segunda película del director colombiano David Bohórquez, luego de Demental del 2014.

Si Waters, todo un devoto del mal gusto, viera esta cinta, probablemente la consideraría una joya cinematográfica. Y es que ni siquiera la mente de Tommy Wiseau (el autor de esa otra “joya cinematográfica” llamada The Room), podría concebir una obra tan horripilante como Calibán.

Calibán es un trabajo perturbador y desconcertante por todas las razones equivocadas. La película abre con una escena en la que un sacerdote tiene sexo con una mujer (¡!), para luego presentarnos a Christopher Dodd (interpretado por Tigre Haller), un personaje cuyo nombre más adecuado sería el de “Cuasimodo Bates”. Es un hombre con discapacidad física que recibe en su mansión decadente, ubicada en Greenvale (un pueblo cerca de Nueva York), a la joven y odiosa Jane Darcy (Jennifer Hyde). Emma Gray (Fiona Horsey), la madre de Jane, acaba de morir de un tumor cerebral y Jane llega desde Londres para disponer de ella. Dodd, quien vivió con Emma en sus últimos días, le cuenta lo mucho que estimaba a su madre, y le confiesa que ella era prácticamente la única familia que tenía.

Sin embargo, él no está solo. Sus dos amigos (aparentemente incondicionales), son una alguacil llamada Miranda Lacey (Kate Benson) y un joven músico llamado Samuel (David Palmer), pero la razón de esta amistad quedará en el misterio perpetuo.

En un bar, Jane escucha a Samuel cantar el tema Situation (una canción tan patética que provocará la risa del espectador), pero en la película, ella queda cautivada por su talento (¡¡!!) y ambos terminan en la cama. Jane le dice que deberían irse juntos a Londres para que él se consagre como músico, pero el plan se va al traste cuando la alguacil Lacey termina asesinando sin ninguna explicación a Jane y luego Dodd. También de una forma inexplicable les sirve una cena a sus dos amigos, la cual incluye cicuta dentro de sus ingredientes (¡¡¡!!!).

A manera de flashback se nos cuenta que Emma era la hija de Mary Gerard, la mujer que tuvo sexo con el sacerdote al inicio de la película (también interpretada por Horsey). Mary es una fanática religiosa con el rostro quemado y de mente trastornada, que tuvo otro hijo además de Emma. El hijo en cuestión fue encerrado por Mary en un silo, siendo torturado y maltratado por ella, acusándolo de ser un engendro de satanás.

La pequeña Emma descubre al niño torturado y en sus dibujos lo llama Calibán. Asimismo, el padre Pedro (el sacerdote en cuestión, encarnado por Julio Rod Marín) descubre a su hijo ilegítimo y acusa a Mary de ser una mala madre (¡¡¡¡!!!!).

¿Cuál es la relación entre Dodd y Emma? ¿Cuál es la relación entre Dodd y el niño? ¿Cuál fue el destino de Mary? ¿Por qué la alguacil mató a Jane? ¿Por qué la alguacil y Samuel son amigos de Dodd? ¿Por qué Dodd envenenó a sus amigos? ¿Por qué Dodd tenía un frasco de cicuta entre sus condimentos? ¿Por qué Jane consideró a la canción Situation como el trabajo de un nuevo Ed Sheeran? ¿Por qué Dodd le dijo a Jane que no podía enterrar a su madre en Greenvale? ¿Por qué las escenas desarrolladas en Nueva York y en Londres se filmaron en Chía y en Sopó?

Algunas de estas preguntas tendrán respuesta, pero la mayoría no. Lo cierto es que en la película Calibán hasta la música está sobreactuada, el guion atenta contra cualquier tipo de lógica, los diálogos son ridículos e irrisorios y aunque incluye algunas escenas bien logradas desde el aspecto visual (las cuales son calcadas de clásicos del cine de terror como El resplandor o El exorcista), lo cierto es que no ayudan para nada en darle claridad a la historia enrevesada, confusa y absurda que se intenta contar.

Si esta película hubiera acudido a los excesos del gore o al uso de sobresaltos para atraer al amante del cine de terror clase “B”, si hubiera recurrido al sexo gratuito para seducir al fanático del cine de explotación clase “Z”, o si bien el camp hubiera sido intencional, Calibán hubiera tenido algún valor redimible. Al finalizar la película, el espectador quedará estupefacto. Esta es una cinta tan mala que hay que ver para creer.

Cuando la audiencia se rio repentinamente durante la presentación de la obra de teatro The Rose Tattoo, su autor Tennessee Williams, dijo: “Si se rieron, entonces lo que escribí fue una comedia”. A Calibán se le promociona como una cinta de terror o como una obra de terror psicológico, pero es inevitable reír a carcajadas.


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