Clímax

3.00

La historia de Gaspar Noé es un infierno desatado por las sustancias psicoactivas

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 17 Jan de 2019

Gaspar Noé / Sofia Boutella, Romain Guillermic, Souheila Yacoub

Gaspar Noé regresa con Clímax, una película que está basada en hechos reales y parece la continuación de Enter the Void. Foto cortesía de Babilla Cine


Si la definición de “trauma” es la de un evento que amenaza la integridad física o emocional de quien lo vive, Gaspar Noé, el director argentino radicado en París, definitivamente hace películas traumáticas.

Con una corta filmografía conformada por los trabajos Solo contra todos, Irreversible, Enter the Void y Love, este es un autor que quiere dejar cicatrices permanentes tanto en el cerebro como en el corazón de sus espectadores. Junto con Lars Von Trier, Noé es uno de los directores más controvertidos de los últimos tiempos, quien con furia y pesimismo desbarata los cánones morales y estéticos con cada una de sus obras.

Clímax puede pensarse como una extensión de Enter the Void, trabajo que llevó al paroxismo la narrativa fragmentada y la utilización de largos planos secuencia característica de su cine. Asimismo, las dos películas nos muestran los efectos alucinógenos y psicodélicos causados por el LSD. Pero a diferencia de Enter the Void, Clímax no muestra los estados alterados de consciencia desde la percepción subjetiva de sus protagonistas, sino que adopta un punto de vista distante, objetivo y externo, como si una persona sobria fuera testigo de los “viajes” de los personajes.

Al igual que con Irreversible, Clímax invierte el orden narrativo para comenzar con los créditos finales, los cuales darán paso a un prólogo-epílogo donde se ve en ángulo cenital a una persona vestida de negro en medio de la nieve y derramando sangre, en una especie de homenaje a Gritos y susurros de Bergman, donde el negro simboliza la muerte, el blanco la vida y el rojo la pasión.

El primer acto muestra en una pantalla de televisor estándar una serie de entrevistas grabadas en VHS a varios bailarines, que hablarán sobre algunas experiencias y deseos íntimos, así como de su amor por el baile, como si la película Fama se hubiera amalgamado con los infames vídeos pornográficos de casting producidos por Private. En los extremos laterales del televisor se podrán observar varios libros y películas que brindan pistas sobre las influencias del director: Ciorán, Nietzsche, Petit, Friyz Lang, Scorsese, Lynch, Pasolini, Fulci, Buñuel y Dalí, Kounen, Fassbinder y Kobayachi, entre otros.

Aunque no se suministra una información precisa, la música y los escenarios nos remiten a finales de los años noventa. El segundo acto está conformado por una compleja e impresionante coreografía (a cargo de Nina McNeely) filmada en plano secuencia, donde unos veinte bailarines se mueven frenéticamente al ritmo de una mezcla de Supernature de Cerrone, para después pasar a algunas conversaciones, las cuales giran alrededor del sexo, las drogas y los celos. Regresan a las secuencias de baile, esta vez filmadas en ángulo cenital y con bailarines individuales, para luego presentar los supuestos créditos iniciales y pasar al tercer acto, compuesto por otro delirante y casi insoportable plano secuencia, que muestra a los bailarines intoxicados y en un infierno desatado de violencia y sexo producto de la ingesta de ácido lisérgico (aunque más parece MDVP), el cual fue mezclado por manos desconocidas en un bol de sangría.

El epílogo-prólogo permite tomar algo de aliento y nos muestra las consecuencias de los hechos, cuando la policía llega al lugar, luego que los efectos del alucinógeno han aminorado, en una secuencia que esta vez hace referencia al final de Taxi Driver.

Según Noé, esta película está basada en hechos reales y en las propias experiencias del autor con el alcohol y las drogas. Es una visión sombría y macabra de una juventud aburrida y descontenta que recurre a las sustancias psicoactivas (legales o ilegales) para exteriorizar y vomitar sus demonios internos, en un ritual más satánico que psicoanalítico, donde la música electrónica de Daft Punk y Aphex Twin reemplaza al heavy metal como la banda sonora del aquelarre.

El mismo Noé ha utilizado el adjetivo de “educativa” para calificar su película, lo cual nos hace pensar en Cristina F o Requiem por un sueño, unos trabajos excesivos, demenciales y de una fuerte carga emocional y sensorial que se vendieron como dramas didácticos que advierten sobre los peligros de las drogas.

Todo el cine de Noé es excesivo, demencial, emocional y sensorial, buscando hacer sentir más que hacer pensar al espectador. Tal vez es por eso que muchos jóvenes alrededor del mundo le rinden culto. Clímax es un estallido de adrenalina que al final deja al espectador con una fuerte resaca y la sensación de haber vivido una experiencia inolvidable e irrepetible. Gaspar Noé nos ha dejado traumatizados de nuevo y con una nueva cicatriz. Quedan advertidos.


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