Cómo entrenar a tu dragón 3

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La tercera entrega de la historia del joven Hipo y el dragón Chimuelo cierra con broche de oro una saga caracterizada por su enorme belleza y su fuerte carga emocional

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 28 Jan de 2019

Dean DeBlois / Con las voces de Jay Baruchel, Cate Blanchett, America Ferrera, Jonah Hill, Kristen Wiig, F. Murray Abraham

Cortesía UIP


Definitivamente, las películas de Cómo entrenar a tu dragón, basadas en los libros infantiles escritos por la británica Cressida Cowell, constituyen la saga definitiva para los estudios de animación DreamWorks (con el perdón de Shrek, claro está).

Las razones se encuentran en su riqueza visual (plena de detalle y color), en sus personajes (los cuales crecen y evolucionan junto con nosotros) y en su historia (llena de aventura y que en el fondo nos habla de los vínculos afectivos que establecemos con animales y humanos).

Ahora, el relato sobre un joven llamado Hipo (Jay Baruchel) quien les enseña a los habitantes de una villa vikinga a convivir con los dragones que antes asesinaban, llega a su final con una tercera parte a cargo de Dean DeBlois, el director de las dos anteriores entregas.

En la última parte de la trilogía de Cómo entrenar a tu dragón, encontramos a un Hipo más maduro, con una prótesis en su pierna y encargado de liderar la aldea de Berk, luego de la trágica y desafortunada muerte de su padre Estoico (Gerard Butler), en un momento crucial, desgarrador y controversial, que fue el corazón de la segunda parte.

Junto a Hipo se encuentra su fiel amigo Chimuelo, el último de una especie de dragones llamada Furia Nocturna (y en el que los amantes de los gatos verán reflejado a este animal). Chimuelo es un dragón Alfa que, al igual que Hipo, lidera a los hombres.

Todo es armonía en Berk hasta que ocurren dos acontecimientos: el primero es el descubrimiento de Chimuelo de un dragón hembra, perteneciente a la especie Furia Luminosa, del cual este queda perdidamente enamorado. El segundo es la aparición del villano Grimmel (F. Murray Abraham), un hombre obsesionado con aniquilar hasta el último de los dragones Furia Nocturna.

La historia de este cierre de trilogía está influenciado por cintas como Bambi, La guerra de las galaxias, El señor de los anillos, El planeta de los simios y Avatar. Sin embargo, su dimensión épica (el descubrimiento del lugar donde viven los dragones es deslumbrante), su belleza visual (el gran Roger Deakins continúa asesorando la “fotografía” de esta saga), su buen sentido del humor (la escena del ritual de apareamiento paga la boleta) y su fuerte carga emocional (esta es una película de despedida), la convierten en todo un clásico instantáneo del cine de animación y un excelente punto de partida para los estudios Universal, los nuevos dueños de DreamWorks.


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