Devin Townsend

4.50

El genio canadiense logra que cualquier expectativa parezca insignificante

por RICARDO DURÁN | 11 Jun de 2019

Townsend, un cerebro musical incomparable. Foto por Tanya Ghosh


Apaga la luz. Apaga tu celular, y ponlo bajo una almohada. Lo primero que va a pasar es que un coro femenino te invite a rendirte y a recibir “este amor”. Ahora imagina que alguien resucita a Frank Zappa y lo pone al frente de Messugah, de un gigantesco ejército coral y de una orquesta majestuosa…

Un momento, lo que empiezas a oír parece sacado de una cancioncita de EDM tocada por una buena banda de rock progresivo. Después viene la orquesta y el sonido de una poderosa banda de metal que te aplasta.

Sentirás que un metalero de 200 kilos camina delicadamente sobre tu espalda mientras suenan voces femeninas cantando coros que parecen escritos por Brian Wilson para sus Beach Boys.

Devin Towsend está loco, maravillosamente loco. Lo notarás desde el comienzo, desde Genesis.

Lo conocimos en 1993, cuando cantó en Sex & Religion (el impresionante álbum de Steve Vai), y este canadiense no ha dejado de demostrar un enorme talento y una abrumadora capacidad creativa. Fue el cerebro de Strapping Young Lad, Ocean Machine, Casualties of Cool y mil cosas más. Hizo metal extremo, música ambient, country, rock progresivo, y creó a Ziltoid, un extraterrestre que atraviesa el universo para llegar a la Tierra en busca de la última taza de café.

El arte de Empath muestra elefantes, grandes felinos, arañas, caballos, murciélagos, ballenas y monstruos, muchos monstruos. Luz y oscuridad. Miedo y amor. Todo eso solo refleja parte de la riqueza que inundará nuestros oídos.

Hay destellos de pop, reggae, ópera, orquestaciones clásicas grandilocuentes, música para bandas sonoras, canciones dignas de Broadway, secuencias techno, jazz demencial, baterías atronadores y riffs de guitarras de mil toneladas. Lo impresionante no es que un disco incluya todo eso, lo increíble es que este tipo logre conjugarlo en un caos maravilloso que nunca se siente pegado con babas. Solo un genio mete en su disco a gente como Steve Vai (cuyo Flex-Able recordamos en varios momentos), Mike Kenealy (Frank Zappa), Anneke van Giersbergen (The Gathering) o Chad Kroeger (¡Nickelback!), y logra que el resultado no sea una de esas cosas horrible que Santana hizo hace un tiempo.

Como si fuera poco, hay que hablar de su voz: comparar su destreza con la de Freddie Mercury o Mike Patton no sería exagerado. Nunca.

Townsend lo ha apostado todo, en términos creativos y financieros, para hacer un disco ante el cual la crítica ha estallado en aplausos merecidos. Empath es una búsqueda, un largo camino que nos lleva a cerrar los ojos mientras abrimos la mente en un universo caótico, un mundo sin límites al que el creador nos invita con una sola frase: “Love and be loved”.


Deja tu opinión sobre el artículo: