Diamante Eléctrico

4.50

El trío demuestra que, contra todo pronóstico, nuestro rock sigue vivo y con ganas de mover el culo

por RICARDO DURÁN | 16 Oct de 2018

ILUSTRACIÓN POR Carlos Torres “Kkroma”


UN TUMBAO ELECTRIZANTE

Galeano, Álvarez y Zeta no le tienen miedo al cambio, ¿por qué habrían de temerle? De cualquier modo el mundo está lleno de trolls que saldrán a decir tonterías porque eso nos hace sentir vivos en este siglo. Si cambias dirán que te vendiste, y si tu obra es consistente dirán que te estancaste. Nuestra vida se ha reducido a criticar y ser criticados, gracias Mr. Zuckerberg.

mbio pueda parecer imperceptible para muchos, Diamante Eléctrico exhibe aquí una transformación evidente. La estridencia de sus dos primeros álbumes (Diamante Eléctrico y B) no se muestra acá los dientes, y la profunda complejidad de La Gran Oscilación ha dado paso al ritmo, al groove, al tumbao. Llámalo como quieras. Pero no es un ritmo que sucumba a la hostigante ubicuidad del dembow y sus derivados, es un ritmo cálido y sorprendente, preciso y sofisticado. El sustento de este álbum, que tendrá al vinilo como único soporte físico, está en el bajo de Juan Galeano y la batería de Andee Zeta. Ellos conforman una base rítmica sólida y contundente que acuna las guitarras de Daniel Álvarez, un fanático de Iron Maiden que demuestra acá una enorme versatilidad al explorar los caminos del funk y el soul que recorre la banda en buena parte de su cuarto larga duración.

Tal vez ya no están oyendo tanto a Jack White o a Dan Auerbach, y le han dado más espacio a tipos como Wilson Pickett, Otis Redding, Prince o George Clinton. Aunque los tempos se mantienen más o menos estables a lo largo de todo Buitres, cada canción tiene suficiente carácter como para conservar el interés, haciéndolo hipnótico sin caer en el sopor. Casino coquetea por momentos con melodías vocales de alguna balada setentera, Nefertiti es un funk sabroso que incluye la voz del poeta Jaime Sabines (“todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra… se les puede prender fuego”), y Hacia la Noche sería perfecta para la voluptuosa bailarina que tuvieron en el video de Las Horas. En Rotos se cruzan la sensualidad y la miseria, una combinación que la vida ofrece con una frecuencia que nos cuesta aceptar. No me lo pidas, junto al Mariachi Flor de Toloache, es una verdadera joya.

El Diamante no pierde su esencia a pesar de mostrarse menos ruidoso; la producción (a cargo de Mauricio García y Galeano) acierta al permitir que se manifieste todo el espíritu de una banda que se aventura en territorios que no resultan tan extraños si volvemos a escuchar Al Vacío y Las Horas.

Días Raros, el magnífico sencillo que grabaron junto a Billy Gibbons (ZZ Top), no fue incluido en este disco, pero puede identificarse como un puente perfecto entre el primer lustro del trío y el futuro que ya está andando.

No importa si Buitres conquista otro Grammy, los premios vienen y van. Estas canciones fueron hechas para durar.


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