Dolor y Gloria

4.00

Pedro Almodóvar nos entrega uno de las mejores trabajos de su carrera, en el que mezcla elementos de ficción con momentos extraídos de su propia vida

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 19 Jul de 2019

Pedro Almodóvar / Antonio Banderas, Penélope Cruz, Asier Etxeandia, Leonardo Sbaraglia, Nora Navas, Julieta Serrano


Definitivamente, Pedro Almodóvar es uno de los más grandes directores en la historia del cine. Su filmografía, de un estilo totalmente original y conformada por un gran número de obras maestras, lo pone en la misma lista de autores como Ingmar Bergman, Martin Scorsese, Akira Kurosawa, Woody Allen, François Truffaut o Federico Fellini.

Con Dolor y Gloria, el director español nos entrega su película más personal hasta la fecha y su propia versión de 8 ½ de Fellini. Almodóvar ha confesado que con este trabajo ha prácticamente desnudado su alma y ha utilizado como alter ego a Antonio Banderas, su actor recurrente (ha trabajado en ocho de sus películas por un período de cuarenta años), quien nos ofrece quizás la mejor actuación de su carrera, interpretando a Salvador Mallo, un exitoso director de cine sumido en la depresión y la agonía, luego de la pérdida de su madre.

Un encuentro con la actriz Zulema (interpretada por Cecilia Roth, otra de las actrices recurrentes de Almodóvar), lleva a Mallo a reconciliarse con el actor Alberto (un estupendo Asier Etxeandia), protagonista de Sabor, una cinta antigua en la que los dos trabajaron (y se disgustaron) la cual va a ser presentada de nuevo en una retrospectiva.

El reencuentro de los dos también lleva a Mallo a conocer los placeres de la heroína, y a reconectarse con un antiguo proyecto de monólogo teatral llamado Adicción, que habla sobre el rompimiento con un antiguo amor causado por el consumo de la droga. Mallo le cede el guion a Alberto y este lo interpreta con mucho respeto, amor y dedicación, lo que lleva a conmover profundamente a Federico (Leonardo Sbaraglia), el antiguo amante de Mallo quien por casualidad acude a ver la obra.

La historia de Mallo adulto se funde con la de Mallo niño, el cual es criado por una madre fuerte y sobreprotectora (una maravillosa Penélope Cruz, en su sexta colaboración con Almodóvar), que quiere que su hijo tenga una vida mejor que la que ella ha tenido que sufrir. La actriz comparte el personaje de Jacinta con Julieta Serrano, quien interpretó a la madre de Banderas en Matador y Mujeres al borde un ataque de nervios. Tanto Cruz como Serrano le dan un gran sentido del humor y una gran fuerza a ese personaje inspirado en la madre de Almodóvar.

El personaje de Mallo encarnado por Banderas, se peina como Almodóvar, se viste como Almodóvar y vive en un lujoso apartamento, rodeado de cuadros y objetos que pertenecen en su mayoría al director en la vida real. Gracias al fotógrafo José Luis Alcane y al director de arte Antxón Gómez (habituales en el cine de Almodóvar), tanto los personajes, como el escenario que los rodea, están llenos de calor, color y riqueza. Como nunca antes, los colores han brillado en esta cinta, prácticamente desbordándose de la pantalla y haciéndonos entender por qué el director defiende de una manera apasionada la exposición de sus películas en la pantalla grande.

Almodóvar es un dedicado cinéfilo y cineasta, quien ha mostrado una clara evolución en su cine. Ese inquieto y joven autor punk, astuto, excesivo y juguetón, que buscaba escandalizar a su público en obras maestras como La ley del deseo, Matador, Átame o Kika, gradualmente se ha convertido en el autor maduro, adulto, inteligente y contenido de obras maestras como Volver, Los abrazos rotos y Julieta.

Dolor y Gloria es un homenaje explícito al amor por el cine, y también es un relato que mezcla elementos autobiográficos con situaciones extraídas de la ficción, al mejor estilo del artífice de 8 ½. Estamos ante una de las mejores películas de Almodóvar, la cual está impregnada de los sueños, ideas, miedos y deseos del autor, pese a que este nunca ha consumido heroína, nunca vivió en una cueva y tampoco se enamoró de un albañil a los nueve años. En La ley del deseo y La mala educación, Almodóvar utilizó momentos extraídos de su vida y nos habló de sus ideas sobre la muerte, la religión, el amor y el sexo. Con Dolor y gloria, el director lo hace de una manera mucho más elocuente y sentida, producto del paso de los años y del peso de la experiencia.


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