Dr. Strangelove

4.00

La única comedia realizada por el gran Stanley Kubrick es todo un clásico del cine que se burla del absurdo de la guerra y de la inminencia del apocalipsis nuclear.

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 08 Jul de 2019

Stanley Kubrick / Peter Sellers, Sterling Hayden, George C. Scott, Keenan Wynn, Slim Pickens

Una de las mejores sátiras políticas de todos los tiempos. Dr. Strangelove no ha perdido ni un ápice de su poder e hilaridad. Cortesía Cine Colombia


La amenaza de un apocalipsis nuclear, algo más que patente en el escenario de la Guerra Fría que se desarrollaba en la década de los 60, llevó a Stanley Kubrick a tomar una novela conocida como Red Alert (escrita por el oficial de la Real Fuerza Aérea Peter George), acerca de la amenaza de la aniquilación masiva causada por la bomba atómica, para convertirla en una de las mejores sátiras políticas de todos los tiempos.

Kubrick sentía un gran aprecio por la novela (conocida en el Reino Unido como Two Hours To Doom), pero pensaba que el público se iba a sentir abrumado con el tratamiento serio y solemne del tema. Por eso se unió al satirista Terry Southern para crear una serie de personajes caricaturescos envueltos en unas situaciones delirantes, que hacen evidente el increíble absurdo de nuestros gobiernos.

Uno de estos personajes es Jack D. Ripper (interpretado por Sterling Hayden, un actor que alguna vez perteneció al partido comunista). Este general demente, obsesionado con los fluidos corporales y con la infiltración comunista, ordena un bombardeo nuclear a Rusia, ante la mirada horrorizada del oficial Lionel Mandrake (Peter Sellers). En el interior del bombardero, el comandante con actitud de vaquero T.J. King “Kong” (Slim Pickens) y su tripulación (que incluye al actor James Earl Jones en su primera aparición en el cine) sufren problemas de comunicación, lo que lleva a que intenten cumplir su fatídica misión sin ningún contratiempo.

En el Pentágono, el presidente de los Estados unidos Merkin Muffley (Peter Sellers en un segundo papel), se reúne en la Sala de Guerra (diseñada de manera impresionante por Ken Adam) con el general Buck Turgidson (George C. Scott en el mejor papel de su carrera, con el perdón del general Patton), con el paranoico embajador soviético (Peter Bull), y con el siniestro Dr. Strangelove (Peter Sellers en un tercer papel inspirado en el personaje de Rotwang de Metropolis) para intentar detener el inminente fin del mundo.

Las tres interpretaciones de Sellers son legendarias (no por nada, alguna vez fue considerado como “el mejor comediante de la historia”), y las imágenes del comandante King subido en la bomba como si fuera un caballo salvaje y de Strangelove intentando impedir un saludo Nazi compulsivo hacen parte del imaginario iconográfico de la cultura popular. Pero son los diálogos lo que hacen de la única comedia de Kubrick toda una obra de arte para la posteridad.

Ahora, con la estrella de los reality shows en la Casa Blanca, el absurdo de Dr. Strangelove se hace más patente y doloroso.


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