Draco Rosa

4.50

El primer álbum de Draco Rosa después de cinco años abre con cierta confusión y un toque de humor negro

por DAVID FRICKE | 08 Nov de 2018

Draco se muestra recuperado y dispuesto a mantenerse en lo más alto.


El cantante es una de las estrellas más grandes de la música latina moderna, pero al entrar al Hotel de los encuentros le hacen un desaire en la recepción. Las voces de las encargadas no se oyen muy humanas; tienen una sensualidad fría y mecánica, como la de Alexa, la asistente virtual del parlante Amazon Echo. Pronuncian mal su nombre, y básicamente quieren salir rápido de él antes de darle la llave del 333, un cuarto y una canción que, al abrirse la puerta, golpea con la premura y el estruendo de la Seattle clásica de 1991, aquel año dorado del grunge.

Es una descarga intensa. Enmarcada por el riff pesado de un bajo furioso, líneas de guitarra que se mueven como una serpiente y giros repentinos en el ritmo, su voz está llena de rabia, gritos y desesperación, como si estuviera buscando la claridad al borde del delirio. “Aquí estoy / En el hotel de los encuentros”, declara en 333, “con los bolsillos llenos de palabras / Y cartas y fotos y risas y lamentos”. También está recostado con “fiebre / Viendo pasar mi infancia por el techo / Y abrazado mi nombre por si acaso me pierdo”.

Este rock & roll describe una experiencia cercana a la muerte. Y es estremecedora. Aquí –y en todo Monte Sagrado– la crudeza vocal y el miedo evocan el desgarro y el apremio del cantante de Soundgarden, Chris Cornell. La diferencia: Cornell, quien murió el año pasado a los 52 años, finalmente perdió la esperanza, a su familia y la batalla contra los fármacos recetados.

Draco, de 48 años, es un sobreviviente de esa fábrica de ídolos infantiles llamada Menudo; de los efectos secundarios de ese éxito –que lo llevaron a un infierno de drogas y alcohol– y de dos batallas recientes contra el cáncer. En Monte Sagrado, el artista sigue componiendo y cantando desde el precipicio… desde el vacío.

“Dicen que nadie puede nada… dicen que nadie sabe nada”, canta sobre un bajo galopante y notas de guitarra distorsionada en Que se joda el dolor. “Una copita de un buen amor”, añade, “¡y qué se joda el dolor!”.

Es una larga relación de amor y odio –en donde el artista asume la enfermedad y la dificultad como motivación, y luego da inicio a una venganza metálica– que ha venido ocurriendo por más tiempo del que yo me había imaginado cuando me reuní con él, por primera vez, durante el verano en la azotea de un hotel de Manhattan mientras tomábamos agua en botella.

Sabía de su participación en Menudo, de 1984 a 1987, aunque por ese entonces me encontraba más ocupado escribiendo sobre Hüsker Dü y R.E.M., pero quedé sorprendido al enterarme de que era el mismo Draco que cantaba en Maggie’s Dream, la banda alternativa de Nueva York, a la que había visto por la ciudad y abriéndole a Fishbone a comienzos de los 90.

Ian Blake, el seudónimo que usó en los éxitos que coescribió y coprodujo para Ricky Martin (compañero de Menudo), fue un secreto mal guardado, incluso por fuera de la industria de la música latina. Sin embargo, la conexión con Phil Manzanera –el guitarrista de Roxy Music, que es mitad colombiano y produjo a Draco en sus inicios como solista– fue la que me llevó a escuchar Vagabundo. Entonces vemos el encanto a lo Jim Morrison –el poeta bandido que baila en la oscuridad y en el desahogo– de Draco, que hasta Monte Sagrado se veía bastante claro (con mi poco conocimiento del español) en Teatro Live de 2008; en el cover con boogie gótico de Roadhouse Blues de The Doors; y en la recomposición del éxito de Martin, Livin’ la vida loca, algo lenta y maltratada por el compositor, como si la hubiera escrito para Black Sabbath a mitad de los 70.

Draco podría estar tratando de sacar algo de su natal Long Island. Creció en Puerto Rico, pero nació en 1970 en un suburbio de Nueva York, de donde también provienen Blue Öyster Cult, Twisted Sister y Lou Reed. Su espíritu de rock clásico es evidente en Monte Sagrado. Hay toques de Kim Thayil de Soundgarden y Mick Ralphs de Bad Company en el solo de guitarra rítmica en Dentro de ti, mientras que 2nite 2nite comienza con un riff al estilo de Keith Richards y sonidos fiesteros que recuerdan a las payasadas en el backstage de Alice Cooper en 1973. El puente en inglés de esa canción es más explícito: “She pulled her dress up, over her head / I saw her panties and I jumped in bed”. También lo es la hermosa y distante reflexión en español en los demás versos: “El alcohol, la risa es adrenalina / Y la música fuerte en la piel / Camino despacito por el malecón / Silbando tu recuerdo a los cuatros vientos hacia L.A…”.

La mayoría del álbum fue grabado en su estudio, Phantom Vox, en las montañas de Puerto Rico. Monte Sagrado es una oleada de 40 minutos de rock moderno y dinámicas de power blues. Su banda está compuesta por el bajista René Camacho, el baterista Toss Panos y el guitarrista Doug Pettibone; es fuerte y ágil, como The Police con distorsiones de Pearl Jam. Draco Rosa escribió todas menos dos de las nueve canciones con el colaborador Luis Gómez Escolar.

Monte Sagrado es un álbum solista de la manera más profunda: así como lo dice el título, es un disco sobre el peregrinaje a través de bendiciones, pérdidas, errores y perdón. Literalmente desde la “infancia” y el alboroto en 333 hasta el final purificador, la percusión psicodélica del ritual y el coro de En las horas más tristes.

En estas canciones, Draco es sincero sobre la vida real. En la canción Yo mismo, una retrospectiva de dark pop con un bajo distorsionado y teclados de new wave, recuerda sus batallas contra el cáncer con una simplicidad escalofriante: “Vivir es duro / Cuando la muerte sueña con tenerte”. Monte Sagrado es una plegaria y es impaciencia, es una balada al estilo de Nirvana con un brillo de los Beach Boys en el coro y Rosa cantando sobre los cambios de acorde como si intentara ganarle al tiempo. También está la manera en la que le da un giro al único cover en el álbum, The Thing I Done –escrita por el cantante australiano y estilista del Delta blues, C.W. Stoneking–, para un propósito honesto.

Cuando hablamos el verano pasado, Draco describió su batalla contra la disquera para que lanzaran esa canción en el álbum y en inglés. La razón corporativa era que sería un éxito más grande en español. Pero la traducción es incierta; las referencias y el matiz se pierden en el proceso, así como en el coro de Que se joda el dolor. Él realmente se toma sus libertades en la música. La grabación de Stoneking en el álbum de 2014, Gon’ Boogaloo, tenía una vibra de rocksteady jamaiquino, como si hubiera sido grabada por Robert Johnson. El puertorriqueño le pone más poder y romance al ritmo mientras añade más ruido y un solo de guitarra que evoca gemidos. Parece como si le estuviera contando su vida a un compañero en la pista de baile de un sórdido bar de rock & roll.

En cuanto a la letra, se mantiene fiel a la original. Es un inglés enredado en algunos momentos: “Desirous this song I bring / On these un-restin’ bones”. Pero Stoneking da en el clavo sobre la vida de Draco, como si el australiano hubiera estado ahí con él (“I roll like thunder, go like dynamite… Old death long by my side”); y él, que cantó en inglés con Menudo, interpreta cada verso con una combinación perfecta entre gusto y culpa. No podría haberla escrito mejor. Draco llevó la canción más lejos. The Thing I Done ahora suena a Bob Dylan y a Johnny Cash; la amenaza sombría del álbum de Dylan de 2012, Tempest, y el duro juicio y la retrospectiva de los últimos discos históricos de Cash con el productor Rick Rubin. Mejor dicho, ahora suena como un éxito.

De cierta manera Draco Rosa ha estado camino al Monte Sagrado durante la última década, a través de las sombras y la conversación sincera de Vino (2008) y Amor Víncit Omnia (2009). Pero su último álbum de estudio, Vida de 2013, fue diseñado como una vuelta de honor. Draco reinterpretó viejos éxitos en nuevos duetos y marcó su victoria sobre un linfoma no hodgkiniano.

No obstante, fue una celebración prematura; hubo otro diagnóstico, más tratamientos y luego sí llegó la verdadera sanación. Eso hace que Monte Sagrado sea el primer álbum completamente nuevo y la primera declaración del cantante en casi una década. Un verdadero momento decisivo en una vida llena de ellos. Frenético, denso y ruidoso, Monte Sagrado está lleno de retos exuberantes, exposición emocional y cambios intensos en la escritura y presentación. Para mí es el mejor álbum que él ha hecho. Sin duda es uno de los discos más honestos que escucharás en este año; a cualquier volumen y en cualquier idioma.


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