El Camino

3.00

Seis años después del final de Breaking Bad, Jesse Pinkman, el otro antihéroe, tiene la despedida que se merece

por ALAN SEPINWALL | 11 Oct de 2019

Aaron Paul como Jesse Pinkman. Ben Rothstein/Netflix


El Camino: Una película de Breaking Bad

Escribir las aventuras de Walter White y Jesse Pinkman requiere al menos la misma cantidad de improvisación que aplican los criminales. Ni los narcotraficantes ni los guionistas son muy buenos manteniendo sus planes. Una gran parte de lo que hizo a Breaking Bad una de las grande series de todos los tiempos es que el show y sus personajes principales quedaban contra la pared, pero encontraban una forma de escapar (normalmente involucrando una explosión).

El cambio más importante sucedió al inicio. Vince Gilligan, creador de Breaking Bad, había asumido que Jesse metería a Walt al mundo de la droga y después moriría. En cambio, Aaron Paul tuvo un papel tan destacado que Jesse no solo sobrevivió, sino que terminó teniendo un rol tan relevante como Walter. Cuando la serie terminó, White estaba muerto, mientras que Jesse seguía con vida dirigiéndose a quien sabe dónde.

El Camino: Una película de Breaking Bad, escrita y dirigida por Gilligan, entrega el cierre que el personaje se merece y que no tuvo al final de la serie, además de demostrar que Paul es capaz de cargar la película en este mundo donde es el único protagonista.

Al retomar la historia exactamente en el final del show, cuando Jesse está escapando de los nazis, y mostrar cada paso en su intento por salir de Albuquerque, Gilligan regresa a uno de los principales focos de Breaking Bad: la logística criminal y sangrienta que muchas veces se ignora, como la forma de deshacerse de los cuerpos, el proceso para establecer territorios y las redes de distribución, incluso algo tan básico como cargar y usar un revolver. Además, en el viaje hay algunas caras conocidas, empezando por Skinny Pete (Charles Baker), que toma las riendas en esta extraña situación.

El Jesse de El Camino ya tiene experiencia en el mundo criminal, pero no es el genio que era Walt. Algunas de las mejores partes lo muestran cayendo en una trampa tras otra. En la serie Paul fue el centro de varios episodios, así que no es ninguna sorpresa lo carismático y cautivante que es. También sirve como un recordatorio de por qué se convirtió en una estrella más allá de su “Yeah, bitch!”.

Al igual que en la serie original (y en Better Call Saul), hay partes de acción que son horripilantes y otras que son para morirse de la risa. Lo mejor de El Camino es que eso sucede al mismo tiempo.

Gilligan también usa la búsqueda por la libertad de Jesse para corregir el final de Breaking Bad, en el que solo se centró en Walt. Paul está prácticamente en todas las escenas, y Gilligan construye la película de un modo en el que llena muchos vacíos narrativos y emocionales en los que la historia de Jesse se había perdido detrás de la White. El cierre de la serie tuvo una falla, y es que quedó la sensación de que Jesse quedó un poco olvidado. Al final de la película, esa idea desaparece.

Ahí está la razón de la existencia de esta cinta. El Camino nació como un corto que Gilligan quería hacer para los 10 años de la serie. Ahora creció hasta ser un largometraje que se siente como un regalo para los fanáticos, que es lo que debería ser más allá de algo para agrandar la experiencia de Breaking Bad. Cuando Vince Gilligan está en lo más alto de su experiencia y tiene el tiempo de arreglar una de las pocas cosas que no hizo bien, es un obsequio realmente entretenido.


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