El doctor de la felicidad

3.00

La cuarta adaptación cinematográfica sobre el doctor Knock es una experiencia divertida y agradable que se ve afectada por un error de casting

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 17 Aug de 2018

El doctor de la felicidad, dirigida por Lorraine Lévy, es una adaptación sobre el doctor Knock que vale la pena ver. Cortesía Cine Colombia


El doctor de la felicidad es una adaptación de la obra de teatro Knock de 1923 escrita por Jules Romains, la cual ya había llegado a la pantalla grande en 1925, 1933 y 1951, respectivamente (las dos últimas versiones fueron protagonizadas por Louis Jouvet).

Ahora, la escritora y directora Lorraine Lévy (El Otro Hijo) realiza una cuarta versión, cuyo protagonista es la estrella francesa Omar Sy (Amigos). Sy interpreta a Knock, un maleante que, en los años cincuenta, huye en un barco buscando un futuro mejor y encuentra su vocación como doctor. Cinco años después llega al pacífico a Saint-Maurice, un pueblo en Francia, para reemplazar al doctor Parpalaid, un hombre de edad madura (Nicolas Marié) que busca retirarse junto con su esposa.

Knock se da cuenta de las oportunidades de negocio que su anterior colega no había notado, y se aprovecha de la hipocondría latente de los habitantes del pueblo para convertirse en un médico exitoso, causando la envidia del cura Lupus (Alex Lutz).

Entre los diversos personajes del pueblo encontramos a un cartero alcohólico (Christian Hecq), una viuda rica (Helene Vincent), la esposa de un farmaceuta que intenta seducir a Knock (Audrey Dana) y a la bella Adèle, quien se convierte en la persona que logra robarle el corazón al doctor.

En algunos momentos, la cinta recurre a la comedia fácil y tonta y no se decide entre denunciar al mundo de la medicina, contaminado por la ambición económica capitalista, o contar la historia de un hombre que busca la redención para ser aceptado y querido por la gente que lo rodea.

La obra original de Romains nos muestra al doctor Knock como un hombre blanco poco atractivo, para nada jovial y lleno de cinismo, algo que la interpretación de Sy deja de lado para encarnar al protagonista como una persona joven, cargada de emoción y con atractivo sexual. No es un secreto que en los años cincuenta el racismo era algo patente en todo el mundo (un aspecto terrible y despreciable de la sociedad, pero cierto). Es por eso que, aunque la esposa del doctor Parpaleid lo intenta mencionar al inicio de la historia, no se vuelve a recalcar el hecho de que el doctor Knock es una persona de color con autoridad, que llega a ejercer su profesión en un pueblo de solo gente blanca. Por esta razón, la película se siente desconectada de su realidad al encubrir dicha situación, recurriendo a una nostalgia falsa que se basa en la premisa de que “todo pasado fue mejor” y sin llegar a plantear la posibilidad de que exista gente racista en el pueblo de Saint-Maurice.

Sin embargo, el espíritu noble de la película, el carisma de sus actores y las situaciones que nos recuerdan a las comedias de Don Camilo hacen que El doctor de la felicidad sea, en últimas, una experiencia divertida y agradable.


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