El infiltrado del KKKlan

4.00

Un policía negro se infiltra en el Ku Klux Klan en una inquietante historia de la vida real

por PETER TRAVERS | 18 Oct de 2018

Spike Lee / John David Washington, Adam Driver, Topher Grace, Laura Harrier, Alec Baldwin

Driver y Washington idean un plan para atrapar al Klan.


LA MAGNÍFICA Y POLÉMICA OBRA DE SPIKE LEE

Spike Lee acaba de dirigir su mejor película en años. El infiltrado del KKKlan está a la misma altura de Haz lo correcto y Malcolm X. Basada en una historia de la vida real, la película cuenta cómo Ron Stallworth (John David Washington), el primer policía afroamericano de Colorado Springs, se infiltra en el Ku Klux Klan y engaña al núcleo de la organización. Y el director no se conforma con desempolvar el pasado (la historia transcurre en los 70); la cinta se impulsa a partir de las posturas nacionalistas de la derecha alternativa en la era de odio y racismo de Trump.

Lee tiene un estilo demasiado provocador como para que se limite a dirigir documentales. El infiltrado del KKKlan comienza con un fragmento de Lo que el viento se llevó de 1939 y se adentra en la creencia de la supremacía blanca, con Alec Baldwin hablando en un noticiero sobre una “nación mestiza” controlada por “títeres judíos de la Corte Suprema”. Luego, vemos escenas de la película muda de 1915 El nacimiento de una nación de D.W. Griffith, que incitaba a las audiencias a aplaudir los linchamientos a los negros. Lee, de alguna Driver y Washington idean un plan para atrapar al Klan. manera, sugiere que Hollywood tiene varias cuentas pendientes.

Stallworth se molesta cuando Bridges (Robert John Burke), el director de la policía, le asigna un trabajo en el departamento de registros, donde lo insultan con comentarios racistas. Su primera vez como infiltrado –con un micrófono escondido– se da en un evento de la Black Student Union (BSU) en el que Stokely Carmichel (Corey Hawkins), un exlíder del movimiento Pantera Negra, conmueve al público con un discurso. Stallworth coquetea con Patrice (Laura Harrier), la presidenta de la BSU, quien no tiene ni la menor idea de que está hablando con uno de los cerdos que ella odia. Aunque Ron argumenta que las películas de ese entonces, como Shaft y Cleopatra Jones, muestran el lado bueno de los negros en el orden público, Patrice las desestima y se refiere a ellas como unas “fantasías sobre la explotación negra”.

Para probarse, Ron llama a un anuncio de reclutamiento del Klan usando su “voz de blanco”. Para las reuniones presenciales Flip Zimmerman (Adam Driver), un policía judío, lo sustituye. Su trabajo en equipo es el corazón de la película y los dos la sacan del estadio. Washington, el hijo de Denzel, es muy gracioso cuando habla por teléfono con David Duke (un sensacional y maquiavélico Topher Grace), el jefe del KKK. Los demás policías no pueden contener las risas cuando Ron habla con tanto odio sobre su propia raza para engañar a Duke. Washington logra transmitir a la perfección el aislamiento de Ron, y Driver es excelente como policía encubierto en un grupo de fanáticos llenos de odio como Klansman Felix (Jasper Pääkkönen), quien no cree que el Holocausto haya ocurrido. Flip se arriesga cuando desacredita esa postura. “¿Por qué lo niegas? Fue hermoso”, miente, saboreando sus palabras y tranquilizando su furia. Su actuación como alguien que pretende estar bien en una situación tan tóxica es increíble.

El infiltrado del KKKlan, adaptada por Lee, David Rabinowitz, Charlie Wachtel y Kevin Willmott del libro de Stallworth, saca lo mejor de todos, incluyendo al cinematógrafo Chayse Irvin, al editor Barry Alexander Brown y al compositor Terence Blanchard. Lee camina sobre una cuerda floja, entre lo mejor y lo peor de la humanidad, y sale adelante. La violencia en el clímax de la historia, cuando atrapan a Ron y a Flip en un golpe del Klan contra la BSU, es inquietante. Algunos podrían argumentar que la película no necesita tocar temas actuales como el enfrentamiento entre nacionalistas blancos y manifestantes en Charlottesville, Virginia, el discurso de odio de Trump que afirmaba que “los dos lados tenían la culpa” o los elogios de Duke sobre los comentarios del presidente. Por momentos Lee tambalea, cuando simplifica y caricaturiza los problemas, pero no importa. Es innegable que esta obra es un triunfo gigantesco (y una de las mejores películas del año) gracias al apasionado trabajo de un referente del séptimo arte, que una vez más encontró el poder de su voz para ser escuchado.


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