El muñeco diabólico

2.00

Ni Aubrey Plaza pudo salvar este fallido remake del muñeco asesino interpretado por Mark Hamill

por PETER TRAVERS | 11 Jul de 2019

El muñeco más aterrador de todos regresa con menos potencia.


¡Chucky sigue vivo! Al menos hasta que el guion de este remake de Chucky: el muñeco diabólico le apriete los tornillos. ¿Recuerdas el original de 1988 que generó seis secuelas llenas de caos por el muñeco asesino? A pesar de la desigualdad en la calidad de la serie, el creador Don Mancini avivó las cosas con diversión y sustos que te hicieron saltar. Brad Dourif interpretó al difunto asesino, cuyo espíritu habitaba en Chucky y hablaba a través de él con voz siniestra.

Ni Mancini ni Dourif están por ningún lado en la nueva película, un trabajo fallido del director Lars Klevberg y el guionista Tyler Burton Smith. Otro elemento que no se ve es la perversa originalidad de la cinta original. En lugar a eso, nos presentan una sátira desacertada de la era digital y el consumismo milénial. Vemo personas esperando para comprar muñecos Buddi que tiene acceso a Internet, permitiéndole a los niños encontrar compañía en un Alexa animatrónico que puede encender su televisor, gastar dinero en Internet y jugar videojuegos por siempre. No obstante, hay una trampa: en el lugar en donde fabrican los muñecos Buddi, un trabajador despedido obtiene su venganza al insertar un chip de violencia en uno de los muñecos.

El muñeco llega hasta el apartamento de Karen (Aubrey Plaza), quien es una madre soltera que se siente culpable por descuidar a su hijo, Andy (Gabriel Bateman), cuando va a trabajar en una tienda que vende muñecos Buddi. Cuando devuelven un muñeco defectuoso, Karen se lo lleva a Andy, quien le pone como nombre Chucky. El niño considera otros nombres, incluyendo Han Solo, una referencia de Star Wars que indica la entrada de Mark Hamill, la nueva voz de Chucky. Hamill transmite a la perfección cada onza de alegría y malicia del papel, con palabras embarazosas como “idiota”, que Andy utiliza con el novio de su mamá, Sean (David Lewis). Él y el gato de la familia son asesinados mientras que Andy y sus amigos presencian un espectáculo de terror sangriento como La masacre de Texas. Chucky demuestra que aprende rápido y que es hábil con un cuchillo. Por un rato, El muñeco diabólico parece estar en camino para entregar momentos divertidos y aterradores.

Y luego, todo se derrumba. El gore se vuelve repetitivo y aburrido. Y cuando un Andy asustado intenta encerrar a Chucky en el clóset, comienzan los problemas. Plaza, Bateman y Brian Tyree Henry, como un vecino policía, intentan desarrollar el interés humano en una película que rápidamente se convierte en un cliché. El clímax con la masacre en la tienda de la mamá, que muestra a un ejército de clones de Chucky, causa una desesperación que solo se genera cuando una película es hueca. Por cierto, los estantes de la tienda están llenos de cajas de Buddi 2, la próxima generación de muñecos asesinos. La sugerencia de que una secuela está llegando es lo único que me asustó de El muñeco diabólico.


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