El sol también es una estrella

3.00

Una joven escéptica y un chico romántico se encuentran en la ciudad de Nueva York, en una cinta de amor juvenil que se encuentra por encima del promedio

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 23 May de 2019

Ry-Russo Young / Charles Melton, Yara Shahidi, Keong Sim, John Leguizamo

La adaptación del best-seller dirigida a adolescentes y adultos jóvenes, asume algunos riesgos, pero también es víctima de un discurso edulcorado y cursi. Cortesía Warner


Con Si no despierto, la directora Ry-Russo Young tomó una exitosa novela juvenil escrita por Lauren Oliver (que copió descaradamente la premisa de la comedia Groundhog Day), para transformarla en un drama didáctico que intentó enseñarle a la generación milenial las cosas importantes de la vida. Ahora vuelve con una nueva adaptación de otro best-seller dirigido a adolescentes y adultos jóvenes llamada El sol también es una estrella.

La novela fue escrita por Nicola Yoon, la misma autora de Todo, todo, (una historia que copia de manera descarada la premisa de la película El chico de la burbuja) y de la cual también se hizo una bonita adaptación. Con su nuevo trabajo, Yoon fusiona las premisas de Before Sunrise, Southside With You (y por desgracia, Serendipity), para contar la historia de Natasha Kingsley (Yara Shahidi), la hija de unos inmigrantes jamaiquinos que vive en Nueva York y se enfrenta a la deportación de ella y de toda su familia. Por causa del azar (o del destino), Natasha capta la atención de Daniel Bae (Charles Melton), un joven hijo de inmigrantes coreanos que se dirige a una entrevista para asegurar su lugar como estudiante de medicina en la universidad de Dartmouth. Natasha no quiere dejar Nueva York, mientras Daniel quiere ser poeta en lugar de estudiar medicina. Él interpreta la frase “Deus ex machina” escrita en la chaqueta de Natasha como una señal del universo, ya que la escribió antes de ver a la chica.

Daniel sigue a Natasha, quien va a una cita con un abogado (John Leguizamo) que tal vez pueda ayudarla en su caso de deportación, y termina salvándole la vida. Ambos se sienten atraídos el uno por el otro, pero hay un problema. Ella no cree en el destino, sino en las evidencias dadas por el método científico (quiere estudiar astronomía). Daniel le quiere demostrar que el “universo” actúa para que estén juntos. Es así que deciden pasar dos horas juntos, antes de tener que acudir a sus citas.

Gracias a los antecedentes de Russo Young en el cine independiente (Orphans, You Won’t Miss Me, Nobody Walks), El sol también es una estrella posee inteligencia, ternura y realismo (algo de lo que carecen la mayoría de películas actuales dirigidas a un público joven). Pero es el discurso cursi sobre el “destino” y el “universo” lo que hace que la cinta en algunos momentos exaspere y se sienta casi como una película de fe o un panfleto de la “Nueva Era” de pacotilla. Se podría argumentar que esa es la misma posición de Natasha (el universo no manda señales y la vida está llena de coincidencias). Pero la película claramente opta por el punto de vista de Daniel y de ahí su tono edulcorado.

Sin embargo, una cinta para adolescentes que hable sobre el drama de los inmigrantes en los Estados Unidos producto de la era Trump, y que se centre en el diálogo entre dos jóvenes que buscan conocerse y construir así una relación, vale la pena tenerla en cuenta.


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