El vicepresidente

3.50

La película biográfica de Adam McKay sobre el exvicepresidente Dick Cheney asume la controversial figura política con humor negro

por PETER TRAVERS | 01 Feb de 2019

Adam McKay / Amy Adams, Christian Bale, Steve Carell, Lily Rabe, Alison Pill

Christian Bale como Dick Cheney en El vicepresidente. Greig Fraser / Annapurna Picture


La visión de Adam McKay sobre el continuo ascenso de Dick Cheney, interpretado por un Christian Bale irreconocible, está destinada a polarizar. El vicepresidente es una película que por momentos es increíblemente divertida y en otros es bastante triste. El tira y afloje enojará a los de izquierda que reconocen la idiotez de Cheney y que buscan una historia que lo desprestigie por completo. Los de extrema derecha se molestarán, porque McKay demuestra que el Estados Unidos que impulsó la locura por el poder de Dick también fue responsable del payaso que ahora está en el Despacho Oval. Así que, ¿para quién carajos es El vicepresidente? Ni siquiera la película parece estar segura de ello. Pero McKay, quien ganó el Óscar al mejor guion adaptado por su comedia contra Wall Street, La gran apuesta de 2015, da en el clavo cada vez que nos lleva a un lugar donde lo político y lo personal chocan; una zona de peligro donde no se bromea sin tener una doble intención.

A pesar de estar bajo varias capas de látex, tener 20 kilos de más y hablar monótonamente, Bale logró encontrar la esencia de Cheney. Tenemos al idiota de Wyoming que expulsaron de Yale; al hombre que su esposa, Lynne (Amy Adams), dominó y ayudó a salir de la cárcel en dos ocasiones, advirtiéndole que no estaba dispuesta a casarse con un “vagabundo”; el Cheney humilde que escaló hasta llegar a ser el jefe del estado mayor de Gerald Ford, secretario de defensa de George H. W. Bush y CEO de Halliburton, y finalmente el hombre tranquilo y observador que se convirtió en el vicepresidente más poderoso de la historia moderna de EE. UU. McKay ve a Lynne como la mente maestra, una líder nata que podría haber superado el éxito de su esposo en una época más favorable para las mujeres en la política. En cambio, a Dick –conocido como “el fantasma” gracias a su sigilosa lucha por el poder– lo muestra como una figura que dejó su huella en la historia.

¿Qué tan cierto es eso? En una aclaración antes de los créditos los directores admiten que, aunque los Cheney son muy reservados, “hicimos lo mejor que pudimos”. Esa irresistible desfachatez es la que pone a El vicepresidente por encima de cualquier otra biografía. McKay manipula la estructura saltando en el tiempo a su antojo, añade un final falso a mitad de la cinta y hace que los Cheney hablen en prosa al estilo Shakespeare, como si fueran Lord y Lady Macbeth. En un momento, Alfred Molina interpreta a un mesero que le ofrece a Cheney y a su nido de víboras de derecha –Steve Carell como el alegre y amenazador Donald Rumsfeld– un menú de opciones para explotar a sus ingenuos constituyentes.

Aunque la película es demasiado seria como para ser cómica. Cheney, el oportunista, usó los atentados del 11 de septiembre para incrementar el miedo por el terrorismo internacional; para crear su propio gobierno paralelo como el titiritero de Bush; para aumentar el número de armas de destrucción masiva como una excusa para invadir Irak; para acoger tácticas de interrogación avanzadas y vigilancias ilegales a los ciudadanos estadounidenses; y para librar una guerra inútil que resultó en la muerte de miles de personas. En una escena dolorosa el equipo de Cheney convence a Colin Powell (Tyler Perry) de mentirle al Gobierno sobre la existencia de armas de destrucción masiva.

Está lejos de ser algo chistoso. Bale, un actor demasiado bueno para interpretar a un villano acartonado, ha expresado su necesidad de “asumir a Cheney con sinceridad”. Nos muestra al vicepresidente como un esposo y padre ejemplar de sus hijas, Mary (Alison Pill) y Liz (Lily Rabe). Pero cuando la última se presenta al Senado, toma una posición ganadora en contra del matrimonio homosexual, lo que enfurece a su hermana lesbiana. En la cinta, vemos a Dick dar su visto bueno a Liz cuando le pide permiso para atacar a Mary. Es una escena escalofriante… una entre muchas.

¿Por qué McKay y Bale permiten que Cheney muestre rastros de humanidad? Por lo que se ve en la pantalla, es para medir lo que se pierde cuando la empatía se rinde ante la conveniencia y la moral cede ante el poder. Y bueno, el final (imperdible) no se los contaré, pero sin duda los hará reflexionar sobre sus decisiones políticas y personales.


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