Gólem: el origen del mal

2.00

El Gólem, la criatura mítica del folclore judío, se desperdicia en una cinta plagada de lugares comunes y exceso de gore

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 15 Aug de 2019

Doron Paz, Yoav Paz / Hani Furstenberg, Ishai Golan, Kirill Cernyakov

Una mujer crea un Gólem para defender a su aldea, en una película que se basa en una potente leyenda judía, pero que no logra hacerle honor a su nombre.


La palabra Gólem, encontrada en el Antiguo Testamento (Salmos 139:16), se refiere a algo incompleto. Viene de la palabra hebrea guélem, que significa “materia”.

El Gólem, como un ente, hace parte del imaginario folclórico judío y se le representa como un gigante creado del barro. Uno de los primeros relatos sobre este ser, involucra al rabino Yehuda Ben Betzalel Loeb, conocido como el “Maharal de Praga” y que vivió en el siglo XVI. El rabino creó al Gólem para defender a su pueblo de los ataques antisemitas, a partir de un ritual que se había venido practicando desde los orígenes de la humanidad por las personas cercanas a Dios.

El Gólem es una criatura muy fuerte pero poco inteligente. Además, se caracteriza porque no habla y obedece las instrucciones que le den, a partir de un pergamino que se le introduce en su boca. El problema radica en que el Gólem no acepta ambigüedades y siempre toma las órdenes en sentido literal.

Este personaje ha sido el protagonista de varios relatos literarios como la novela de Gustav Meyrink de 1915, así como los poemas de H. Leivick de 1921, y de Jorge Luis Borges, escrito en 1958. Una de las películas más representativas del expresionismo alemán (y una de las más perturbadoras) tiene como protagonista al Gólem y fue dirigida en 1920 por Henrik Galeen y Paul Wegener. En 1966, se estrena Curse Of The Golem protagonizada por Roddy McDowall, e inclusive existe una película animada de 1995 titulada The Real Shlemiel basada en la leyenda y distribuida por los estudios Disney.

El origen del mal, la nueva película sobre el Gólem y dirigida por los hermanos Doron y Yoav Paz (Jeruzalem), retoma una variación del mito conocida como el “niño de barro”, que mezcla elementos del cuento El hombre de jengibre y que relata la historia de una pareja, que al no poder tener hijos, crea un niño de arcilla con desastrosas consecuencias.

La película se ambienta en 1673 en una aldea judía ubicada en Lituania, la cual es amenazada por invasores hostiles. Hanna (Hani Furstenberg), una mujer que estudia en secreto el Talmud y que perdió a su hijo, decide crear al Gólem para defender a su pueblo. Del barro surge un niño de apariencia apacible, pero con grandes poderes destructores.

Es una pena que este relato fundacional, el cual puede pensarse como la base del popular monstruo de Frankenstein de Mary Shelley, se aborde bajo los parámetros de las películas de terror mediocres (malas actuaciones, exceso de gore, lugares comunes, estructura narrativa convencional). Asimismo, las connotaciones feministas y edípicas planteadas en la cinta, están subutilizadas.

Lo que pudo haber sido una película de horror de época al mejor estilo de The Witch, es en realidad un producto efímero que desperdicia a una criatura legendaria.


Deja tu opinión sobre el artículo: