Hombres al agua

4.00

Contra todos los pronósticos, un grupo de viejos barrigones participa en el campeonato mundial de nado sincronizado masculino en una divertida comedia

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 10 Jun de 2019

Gilles Lellouche / Mathieu Amalric, Jean-Hughes Anglade, Guillaume Canet, Benoît Poelvoorde, Virginie Efira, Leïla Bekhti, Marina Foïs

El respetado actor Mathieu Amalric hace parte de un equipo de perdedores que encuentra en la natación artística una razón para vivir y un medio para recuperar su dignidad. Cortesía Cine Colombia


Hombres al agua puede pensarse como la versión francesa de la británica The Full Monty, pero con una diferencia: esta vez, los viejos barrigones que pretenden recuperar los sueños rotos de juventud a partir de la natación artística y no convirtiéndose en strippers.

Un elenco de lujo protagoniza esta película sobre unos perdedores que buscan recobrar su dignidad utilizando algo poco digno para un hombre maduro: el nado sincronizado. El gran Mathieu Amalric hace parte del peculiar grupo interpretando a Bertrand, un padre de familia y esposo que sufre de depresión y que lleva un buen tiempo desempleado. Amalric encuentra una razón para vivir ingresando a un destartalado equipo de natación que incluye al cascarrabias Laurent (Guillaume Canet), el músico fracasado Simon (Jean Hughes-Anglade), el vendedor de piscinas sinvergüenza y al borde de la quiebra (Benoît Poelvoorde), y el ingenuo, pero noble Thierry (Philippe Katerine). Ellos tienen como entrenadoras a dos mujeres que prometían un gran futuro en la natación artística pero que cayeron en desgracia: la alcohólica y optimista Delphine (Virginie Efira) y la gruñona y paralítica Amanda (Leïla Bekhti).

Contra todos los pronósticos, los viejos barrigones y peludos deciden competir en el campeonato mundial de nado sincronizado masculino y, como es costumbre en este tipo de comedias deportivas, el desastroso equipo gracias a su terquedad, dedicación, disciplina y trabajo en equipo, logra seguir adelante.

Lo que hace que la película dirigida por el actor Gilles Lelouche esté por encima del promedio, es el enfoque humano puesto en sus protagonistas, el inmenso corazón en la historia y una triunfante escena final al ritmo de la canción Easy Lover, el clásico ochentero de Phil Collins y Philip Bailey, que dejará al espectador con una sonrisa de oreja a oreja muy difícil de borrar.


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