Hozier

3.00

El cantautor irlandés toca temas políticos y colabora con Mavis Staples en su segundo álbum

por JONATHAN BERNSTEIN | 11 Apr de 2019

El cantante y compositor irlandes, Andrew Hozier-Byrne. foto por Rachael Wright


Hozier profundiza en su sonido folk soul

En 2013, Hozier se abrió paso con Take Me To Church, una sombría canción folk que se convirtió en un éxito poco común para el Top 40, que catapultó al cantante irlandés de veintitantos años al estrellato del pop. Pero después de lanzar su álbum debut en 2014, esperó cinco años antes de lanzar una continuación.

Al parecer fue una jugada inteligente. Wasteland, Baby! está libre de las expectativas demasiado altas que suelen afectar el segundo álbum de un joven artista. Además de la canción que le da el título al álbum, canciones como Nina Cried Power y Shrike muestran una nueva profundidad. La primera, una oda a decir la verdad musicalmente con la colaboración de Mavis Staples, es una canción que celebra la protesta y muestra a Hozier evocando el poder de su colección de discos como un medio de resistencia simbólica. La última, un tema de amor con un toque celta, contiene su lirismo más inteligente hasta la fecha: “I couldn’t utter my love when it counted / Ah, but I’m singing like a bird ’bout it now”, canta.

Aun así, durante la mayor parte del disco, Hozier sigue abrumado por el éxito de Take Me to Church. La presencia espectral de esa canción se puede encontrar en Almost y en To Noise Making (Sing), canciones que parecen simplemente amontonar aplausos folklóricos y la grandeza de coros góspel con la esperanza de llegar a una playlist de tienda de café en Spotify.

Dicho esto, Wasteland, Baby! tiene suficientes pruebas de madurez como para ser un momento de transición para Hozier. En su mejor momento, el álbum crea un espacio para que el cantante resuelva sus tensiones creativas mientras encuentra nuevas formas para que sus influencias de folk sean más accesibles sin perder su esencia en el camino.


Deja tu opinión sobre el artículo: