El otro lado de la esperanza

3.00

Aki Kaurismäki retoma el tema del refugiado político en una historia llena de humor, un gran sentido de la observación y un aire melancólico

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 18 Mar de 2019

Aki Kaurismäki / Sakari Kuosmanen, Sherwan Haji, Simon Al-Bazoon, Janne Hyytiäinen

La historia de dos perdedores que cruzan sus caminos y deciden ayudarse mutuamente es el eje central de la nueva película del prestigioso director finlandés. Cortesía Cine Colombia


Al igual que Jim Jarmusch, al director finlandés Aki Kaurismäki le fascinan los “momentos muertos”: aquellos momentos que muchos cineastas desechan bajo el supuesto de que no permiten avanzar con la historia y no aportan nada a la trama. Tanto Kaurismäki como Jarmusch han demostrado todo lo contrario.

Con un ritmo más que pausado y un sentido del humor muy particular (características que también comparte con el cine de Jarmusch), Kaurismäki logra contar una serie de historias acerca de perdedores sumidos en la desesperación, la depresión y la falta de esperanzas, de una manera muy sensible y profunda, poniendo de relieve el absurdo de la existencia.

Desde Le Havre (su película de 2011 ambientada en Francia, acerca de un hombre humilde que adopta a un joven africano que llegó escondido de manera ilegal en un barco contenedor), Kaurismäki toma distancia con Jarmusch, al encontrar un tema de relevancia social que le preocupa enormemente: la migración. Y este es el tema que vuelve a poner en un primer plano con El otro lado de la esperanza, su más reciente trabajo, en donde narra de una manera paralela la historia de dos hombres en la búsqueda de un futuro mejor.

El primero es Khaled (Sherwan Haji), un joven refugiado de Siria que llega a Finlandia a buscar asilo luego de viajar oculto en un barco carbonero. Khaled ha perdido a casi toda su familia debido a la guerra. La única persona que le queda es su hermana, a la que le ha perdido el rastro y busca desesperadamente. Cuando el gobierno de Finlandia rechaza su petición y resuelve deportarlo, Khaled escapa y se va a vivir a las calles, un lugar muy peligroso para un inmigrante y más cuando están plagadas de grupos xenófobos.

El segundo es Wikström (Sakari Kousmanen), un hombre maduro que ha decidido acabar con su matrimonio y quien obtiene una buena suma de dinero en una partida de póquer, la cual decide invertir en un restaurante. Este local no es tan rentable como se lo habían prometido y sus tres empleados (un mesero, un cocinero y una anfitriona) no habían recibido pago por sus servicios hace más de tres meses.

Los caminos de Khaled y Wikström terminan cruzándose, y el primero es acogido por el segundo. Wikström le da alojamiento y trabajo a Khaled, pese a su condición de inmigrante ilegal, y Wikström intenta reinventar su negocio como un malogrado restaurante de sushi.

El agudo sentido de observación de Kaurismäki sobre la condición humana se mezcla con el humor irónico, unos excelentes interludios musicales y un aire melancólico, para dar cuenta del drama del refugiado político, pero también del optimismo y el sentido de ayuda que pueden ser la respuesta para todos aquellos que han perdido la esperanza.


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