La razón de estar contigo

3.00

Alisten sus pañuelos que regresa Bailey, el perro que se muere y reencarna una y otra vez para buscar y proteger a su dueño

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 31 May de 2019

Gail Mancuso / Josh Gad, Dennis Quaid, Kathryn Prescott, Marg Helgenberger, Henry Lau, Betty Gilpin

La tercera adaptación de los best sellers de W. Bruce Cameron sobre perros en busca de sus amos, es igualmente efectiva a la hora de manipular las emociones de los espectadores. Cortesía UIP


El cine es manipulación. Hasta el mismo Hitchcock reconoció que la posibilidad de manipular las emociones de los espectadores era para él algo más importante que contar historias o expresarse desde el séptimo arte. Un ejemplo del poder manipulador lo encontramos en la tercera adaptación de los exitosos libros sobre perros escritos por W. Bruce Cameron, luego de La razón de estar contigo y Mis huellas a casa.

La razón de estar contigo: un nuevo viaje retoma la historia del alma de un perro (con la voz de Josh Gad), que reencarna en múltiples vidas caninas. Su última reencarnación fue la del labrador Bailey, que en la película anterior mantiene un estrecho vínculo con un adolescente llamado Ethan en la Norteamérica de los años sesenta.

Ahora, en esta nueva cinta, Ethan ya es un abuelo (Dennis Quaid), quien vive con su esposa Hannah (Marg Helgenberger) y su nuera Gloria (Betty Gilpin), quien quedará viuda luego de la muerte prematura del hijo de Ethan y Hannah. Gloria quedó embarazada de CJ, una bebita que es descuidada por su madre, pero que encuentra el amor y el afecto que necesita en sus abuelos y, por supuesto, en Bailey.

Las peleas constantes entre Gloria y sus suegros la llevan a dejar la casa de campo donde viven para irse a vivir a Nueva York con su pequeña hija. Los años pasan y a Bailey le llega el final de sus días, no sin antes asumir la misión de reencarnar y buscar a CJ para protegerla de todo peligro.

Es así que Bailey reencarna en una perrita beagle llamada Molly, que es adoptada por una CJ descuidada por su madre alcohólica (interpretada por la actriz infantil Abby Ryder Fortson); luego debe reencarnar en un mastín llamado Big Dog, cuyo dueño posee una tienda y una estación de servicio; y por último en Max, un yorkshire terrier mordelón que ayuda a una CJ adolescente (Kathryn Prescott) a encontrar el amor y a reencontrarse con sus abuelos.

Como es de esperar, las muertes de los perritos hacen que los espectadores no puedan evitar los lagrimones, así como las tragedias personales que CJ debe afrontar a lo largo de su vida. Es una lástima que el director sueco Lasse Hallström, maestro manipulador de las emociones (su otra película sobre un perro llamada Hachi es un infalible detonador de llantos), ya no esté al frente de esta saga. Su reemplazo, Gail Mancuso (veterana directora de series de televisión como 30 Rock y Modern Family), no es Hallström, pero gracias al material suministrado por W. Bruce Cameron y los guionistas Maya Forbes y Wally Wolodarsky (escritores de Los Simpsons), la cinta logra hacernos reír, pero también hacernos llorar desconsoladamente, especialmente con un final que es mejor no revelar.


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