La vida misma

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El melodrama de Dan Fogelman es la peor película de 2018 por su sentimentalismo vulgar y su incompetencia

por PETER TRAVERS | 07 Dec de 2018

Dan Fogelman / Olivia Wilde, Oscar Isaac, Olivia Cooke, Antonio Banderas, Laia Costa, Samuel L. Jackson, Mandy Patinkin

Oscar Isaac y Olivia Wilde en La vida misma. Jon Pack/Amazon Studios


¿Cómo calificar un agujero negro del cine que no merece ni una estrella? ¿Simplemente lo miras decepcionado? Una mejor pregunta sería: ¿Cómo una película con todo a su favor se convierte en algo tan mal hecho? Así es La vida misma con Oscar Isaac, Olivia Wilde, Annette Bening, Antonio Banderas y Mandy Patinkin. El director/escritor es Dan Fogelman, quien ha tenido éxito televisivo con This Is Us (su debut Directo al corazón, protagonizado por Al Pacino, también tiene momentos conmovedores). Aún así, este melodrama sale terriblemente mal desde la primera escena, empeorando constantemente antes de estallar en una llamarada de incompetencia, sentimentalismo vulgar y un sentido de satisfacción que no merece.

Para comenzar, tiene un “narrador sospechoso”. Mientras Samuel L. Jackson hace la voz en off, vemos a Will (Isaac) con una psiquiatra (Bening ebria) que lo escucha llorar porque su esposa (Wilde) lo dejó. Luego, la psiquiatra muere atropellada por un bus. Estos no son spoilers. Como nos dice el narrador sospechoso, nada de esto pasó. Al menos no de esa manera.

El prólogo le permite a Fogelman estructurar su película en cinco capítulos. (Confía en mí, te estarás quejando antes de llegar a la última página). En el primer capítulo, Will y Abby se enamoran. Van a una fiesta disfrazados como John Travolta y Uma Thurman de Pulp Fiction. Una sugerencia para los guionistas: nunca se comparen con películas que no podrán igualar. En un error más grande, Abby confiesa su fanatismo por Bob Dylan —especialmente Time Out of Mind—, y cuando ella queda embarazada, quiere llamar a su bebé Dylan. Después ocurre una tragedia —como en todos los capítulos—, pero en lo único que podíamos pensar era por qué el verdadero Bob permitió que su música apareciera en esta tontería tan insoportable.

En el segundo capítulo, Dylan (Olivia Cook) ya es grande y vive con su abuelo (Patinkin). ¿Es necesario preguntar qué pasó? Algo trágico. Dylan es una artista joven que adora el punk rock y se mueve en el escenario reinventando Make You Feel My Love del maestro. Nos cuentan que los críticos odiaron la canción cuando recién se estrenó como parte del álbum de 1997; era muy sentimental y no encajaba en un proyecto tan intelectual, según ellos. Luego, Fogelman se las arregla para decirnos que la canción más sentimental es la que más recordamos. ¿De verdad está comparando su película con una canción de Dylan?

Si para el tercer capítulo no te has ido del cine, estarás en España donde Javier (Sergio Peris-Mencheta) trabaja en un olivar para Saccione (Banderas), el jefe. Poco después ascienden a Javier a capataz. Esto significa que se puede casar con Isabelle (Laia Costa), a quien el narrador describe como “la cuarta más linda de seis hermanas”. Naturalmente, el jefe también se enamora de ella porque las tres hermanas más bonitas no estaban solteras. ¿Javier se apartará para que el jefe pueda darle a Isabelle y a su hijo una mejor vida? ¿Le dará cáncer a uno de estos personajes? Es tan predecible como una telenovela.

Para el cuarto capítulo, el hijo de Javier e Isabelle, Rodrigo (Alex Monner), está en una universidad de Nueva York en donde se enamora de un personaje del segundo capítulo. Lo hace de una manera tan obvia y despreocupada que te hará gritar: “¡Deténganlo ya!”. El quinto capítulo une los cabos sueltos y vuelve a los personajes que esperabas nunca volver a ver, mientras que Fogelman se jacta de su propia vanidad. Y en una frase que el creador de La vida misma se toma con la mayor seriedad, un personaje nos cuenta que el verdadero narrador sospechoso es “la vida misma”. En esta película a casi todos les pasan cosas malas, pero la verdadera tragedia sucede cuando compras la boleta para entrar a cine.


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