¡Lumière! Comienza la aventura

4.00

Una estupenda clase magistral sobre los orígenes del cine que ningún amante del séptimo arte debe pasar por alto

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 05 Oct de 2018


Thierry Frémaux, un historiador cuyo padre, un ingeniero eléctrico, introdujo al amor por el cine, logra transmitir su pasión con toda intensidad, al presentar una selección de 114 películas producidas por los pioneros del cine: los hermanos August y Louis Lumière.

Las cintas en cuestión comprenden los años de 1895 a 1905, período en el que los hermanos lograron filmar más de 1400, y cada una de ellas no dura más de 50 segundos (el cinematógrafo creado por los Lumière no podía filmar algo de mayor duración).

Acompañados de la hermosa música de Camille Saint-Saens, este testimonio sobre los inicios del séptimo arte dividido por capítulos nos muestra un trabajo caracterizado por una cuidadosa composición de las imágenes, una gran apreciación hacia la vida cotidiana y el paisaje urbano, transmitido en las imágenes en movimiento, el sentido del humor de algunos de los trabajos y la necesidad imperante de presentar lo que el ojo humano no puede captar a simple vista. Que el apellido Lumière signifique “luz”, es más que una casualidad.

En palabras de Frémaux, los hermanos Lumière crearon, no solo el cine, sino también los géneros cinematográficos como la comedia y el documental. Además, fueron los artífices de los primeros efectos especiales, los primeros movimientos de cámara, los primeros travellings y los primeros experimentos de “metacine” (el cine reflexionando sobre él mismo). Frémaux nos ofrece unos valiosísimos comentarios en cada uno de los cortometrajes seleccionados de los hermanos Lumière, los cuales están llenos de una información pertinente, tanto para los que poco o nada saben sobre los orígenes del cine como para aquellas personas curtidas en la historia del séptimo arte.

Ni hablar del proceso de restauración de los filminutos. Algunos parecen que se hubieran filmado ayer y no a finales del siglo XIX. Contemplar más de 120 años después, en una sala de cine oscura y en una pantalla gigante a Tren llegando a la estación (el primer corto presentado a un público el 27 de diciembre de 1895 en el Boulevard de los Capucinos en París, hoy convertido en una agencia de viajes), constituye toda una experiencia surrealista, conmovedora e impactante.

Cualquier persona que sienta un amor sincero por el cine o que quiera transmitir el amor hacia este, debe asumir a Lumière!: comienza la aventura como una obligación ineludible o una invitación imposible de rehusar.


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