Nace una estrella

4.00

El actor/director y la estrella de pop se complementan para un clásico moderno memorable

por PETER TRAVERS | 06 Nov de 2018

Bradley Cooper / Lady Gaga, Bradley Cooper, Sam Elliott, Dave Chapelle, Andrew Dice Clay

Nace una canción: Cooper y Gaga componen.


Una estrella resplandece y la otra se apaga. Es una historia antigua y repetitiva. Si es así, ¿por qué Bradley Cooper decidió hacer el tercer remake de Nace una estrella en su debut como director? ¿Y por qué reclutó a Lady Gaga, en su primer papel principal, para continuar los pasos de las leyendas que interpretaron a la aprendiz como Barbra Streisand, Judy Garland y Janet Gaynor? Parece un suicidio. La película comienza y piensas: “No, otra vez no, por favor”. Y luego, boom: Cooper capta tu atención. Después de desechar toda la basura hollywoodense, el dueto la saca del estadio con un drama angustioso al son de canciones originales y conmovedoras. La carrera por el Óscar ha comenzado oficialmente.

Jackson Maine (Cooper) es un cantante de country adicto al alcohol y a la cocaína. Noodles (Dave Chappelle), uno de sus amigos cercanos, se preocupa de que ni siquiera el amor pueda salvar el alma del músico. Pero cuando parece que nada lo reanimará, surge un nuevo propósito: Ally, una mesera a quien le gusta cantar y escribir canciones. Aunque el papel de Ally por lo general es ingenuo, Gaga es diferente. Su sueño de ser una estrella fue rechazado por una industria a la que le gusta cómo suena, pero no cómo se ve. Ella sabe que canta bien, pero se resiste cuando este reconocido cantante intenta subirla a un escenario.

Obviamente, el público enloquece. Gaga emana una cascada de emociones y demuestra que es una gran actriz. La cantante consolidó un estilo muy extravagante a lo largo de los años (¿recuerdan su vestido de carne?), pero en esta película desnuda todo su ser. No hay nada que esconder. Y mientras Jackson se ahoga en la fama, ella respira cada vez más.

El director mezcla a la perfección la historia con las canciones y la película gana autenticidad con sus grabaciones en vivo. El talento detrás de cámaras de Cooper y la furia de Gaga, son una fuerza sobrenatural que te atrapa. Cuando salen los créditos te das cuenta de que, en realidad, nacieron dos estrellas.


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