Nación asesina

3.00

Una cinta provocadora, incendiaria y estilizada que toma la vía fácil del terror y que se contradice en sus denuncias. Cortesía Cineplex

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 04 Mar de 2019

Sam Levinson / Odessa Young, Abra, Suki Waterhouse, Hari Nef, Joel McHale

Una cinta provocadora, incendiaria y estilizada que toma la vía fácil del terror y que se contradice en sus denuncias. Cortesía Cineplex


Las películas que abordan el lado oscuro de la adolescencia no son algo nuevo. Desde trabajos que rayan en la inocencia y que muestran al adolescente como un ser redimible pese a sus problemas y conflictos (Blackboard Jungle, Rebel Without a Cause, The Breakfast Club, Pretty in Pink, Clueless, Mean Girls), hasta cintas que traspasan las barreras de lo apocalíptico, mostrando al adolescente como una basura humana sin esperanza ni futuro (Class of 1999, The Boys Next Door, River’s Edge, Heathers, Kids, Gummo, The Doom Generation, Rules of Attraction, Jawbreaker, Brick, Spring Breakers).

Es en este último grupo donde pertenece la película Nación asesina, escrita y dirigida por Sam Levinson. Con un sentido del humor negrísimo (como es costumbre con este tipo de trabajos), la cinta de Levinson advierte en su inicio que el espectador se va a enfrentar a una serie de temáticas controversiales (y más para esta época moralista, hipócrita y contradictoria en la que vivimos). Dentro de los temas que pueden herir las sensibilidades del espectador se mencionan el matoneo, el clasismo, el machismo, la homofobia, el uso de armas, el nacionalismo, el racismo, el asesinato, la violación, el lenguaje ofensivo, la ultraviolencia y el débil ego masculino (entre otros).

Nación asesina cae en la misma trampa de la película de Oliver Stone Asesinos por naturaleza, en donde un supuesto comentario crítico sobre la decadencia de Norteamérica termina glorificando esa misma decadencia, gracias a unos personajes glamorosos e idealizados y a una sobredosis de recursos formales (buena fotografía, edición postmoderna, música pop y rock y vestuarios llamativos). Más que una sátira social, Nación asesina es una cinta nihilista y rimbombante, que se acerca más a una película de terror como lo es La purga, que a un comentario coherente y analítico sobre las transformaciones que las redes sociales han causado en la sociedad.

La historia comienza con la narración de Lily (Odessa Young) una joven de 18 años que nos advierte que su pueblo Salem ha perdido la cordura. Desde aquí ya se puede preveer que todo va a terminar en una cacería de brujas, pero Nación asesina está lejos del nivel de la obra de Arthur Miller. Al estilo de Clueless o Mean Girls, Lily pertenece a un grupo de amigas llamadas Sarah (Suki Waterhouse), Em (Abra) y Bex (encarnada por el actor transgénero Hari Nef). Las chicas en cuestión pasan el tiempo en sus dispositivos digitales revisando los últimos chismes en las redes sociales, chateando sobre sexo y mandando fotos eróticas (en su mayoría de ellas mismas), tomando, consumiendo sustancias psicoactivas y burlándose de todos los que no sean ellas o tengan más de dieciocho años. En otras palabras, son un estereotipo de lo que se conoce hoy en día como millennials.

Cuando un misterioso hacker (el cual se revelará de una manera más o menos predecible al final de la película), revela al dominio público unas fotos comprometedoras obtenidas del celular del alcalde de Salem, el infierno comenzará a desatarse. Las chicas se burlan de las fotos, critican a los adultos por intentar mantener una vida privada que ya no existe gracias a la internet y se quejan de sus problemas como si fueran las únicas personas en el mundo que tienen problemas. Pero lo hacen con un tono sarcástico y cínico, de muy poca conciencia social.

Luego, el director del colegio cae en las manos del mismo hacker, costándole su trabajo (al alcalde le costó su vida), y los comentarios burlones por parte de las chicas continúan. Hasta que ellas, y prácticamente todos los habitantes de Salem, terminan siendo víctimas de la invasión a la intimidad. Curiosamente, Lily, la chica menos superficial del grupo y la más crítica, ve su vida amenazada cuando se revela que es la amante virtual de un padre de familia (Joel McHale) al que ella sirve de niñera.

El tercer acto es un apocalípsis desatado en el que los adultos (y algunos jóvenes con mente machista y de ultraderecha), cubiertos con máscaras y armados hasta los dientes, buscan linchar a estas chicas, considerándolas responsables del hackeo de los celulares y computadores. Cabe decir que estas secuencias de cacería y ejecución son confeccionadas de una manera experta y precisa, recordándonos a la estupenda cinta The Rules of Attraction de Roger Avary (colaborador de Tarantino). Sobra decir que las chicas contraatacan y se convierten en un letal cuarteto uniformado con gabardinas rojas, que responderán con violencia a la violencia ejercida por los otros.

Al final, la única conclusión que podemos sacar de Nación asesina es que tanto los adultos como los jóvenes son unos hipócritas que buscan descargar su violencia ante el mínimo desequilibrio de su estatus quo. Sin embargo, la película claramente defiende a los adolescentes, los cuales son aquí parte del problema y no de la solución. De todas maneras, esta es una cinta estilizada e incendiaria, que vale la pena ver para debatir sobre ella, algo que probablemente muy pocos harán, especialmente los jóvenes.


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