Nos vemos allá arriba

3.00

¿Puede una película poseer una historia débil, inverosímil, predecible y llena de personajes estereotipados y triunfar gracias a su maravilloso y mágico sentido de lo visual? Tal vez sí.

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 12 Oct de 2018

Albert Dupontel / Albert Dupontel, Nahuel Pérez Biscayart, Laurent Lafitte, Niels Arestrup

Foto cortesía de Babilla Cine


Albert Dupontel protagoniza y dirige la adaptación de Nos vemos allá arriba, la novela ganadora del premio Goncourt de 2013, escrita por Pierre Lemaitre.

La historia, ambientada en los días posteriores a la Primera Guerra Mundial, nos muestra cómo dos soldados, Albert Maillard (Dupontel) y Edouard Péricourt (Nahuel Pérez Biscayart), sobreviven al horror de la guerra, pese a tener un pésimo comandante (Laurent Lafitte) y a la terrible desfiguración del rostro de Péricourt, ocasionada cuando intentaba salvar a su compañero de una muerte segura.

Maillard y Péricourt (quien se hace pasar por muerto y oculta su rostro por medio de una serie de máscaras diseñadas por él mismo), planean una estafa a partir de un concurso que busca homenajear a los sobrevivientes de la guerra y obtener una buena cantidad de dinero. Sin embargo, no toman en cuenta que la familia de Péricourt (su padre y su hermana), así como el malvado Henri d’Aulnay-Pradelle (el excomandante de los soldados), van a interponerse en su camino.

La adaptación de una novela de más de 600 páginas no logra condensarse en una cinta de dos horas de duración. El resultado es una historia débil, con personajes estereotipados, una serie de situaciones inverosímiles y una trama predecible. Sin embargo, lo que convierte a esta película en una obra mágica y maravillosa es su imponente estilo visual.

Las escenas iniciales de batalla, las hermosísimas máscaras de Péricourt, la fabulosa fotografía de Vincent Mathias y la encantadora dirección de arte de Lilith Bekmezian, hacen de Nos vemos allá arriba toda una exquisitez para los ojos, recordándonos esa tradición de cine fantástico y surrealista iniciada por Georges Méliès y que continuó con Jean Cocteau, para llegar a su punto más álgido con los inolvidables trabajos de Jean-Pierre Jeunet (Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos, Amélie, Amor eterno, Micmacs).

Si se piensa en el cine como un arte eminentemente visual y en un segundo lugar narrativo, esta cinta podría pensarse como toda una obra maestra. Pero las coincidencias traídas de los cabellos, la falta de construcción de los personajes y la truculencia innecesaria va a molestar a aquellos que buscan en el cine una buena historia.

El humor negro, la atmósfera de teatrino de pesadilla y la impresionante actuación visceral del actor argentino Nahuel Pérez Biscayart para encarnar al desfigurado y demente Péricourt, nos hacen pensar en lo que hubiera logrado Dupontel si le hubieran ofrecido la dirección de la desperdiciada serie de televisión Gotham.


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