Perseguida

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Una mujer intenta proteger a una niña de los asesinos de sus padres, en un thriller efectista que pretende lanzar una serie de giros que terminan generando más risas que sorpresas

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 20 Sep de 2019

Yesid Leone Moreno / María Gaviria, Roberto Escobar, Geraldine Zivic, Gonzalo Vivanco, Alex Guzman, Antonia Salazar, Sebastián Yepes, Juan Carlos Toro, Orlando Cadavid, Fredy Jimenez, Kristina Lilley

La nueva película del colombiano Yesid Leone Moreno tiene a una mujer trastornada, una niña en peligro, un psiquiatra siniestro, una agente implacable, un novio infiel, una política corrupta y muchos, muchos, muchos disparates. Cortesía Santa Bárbara Films


Contrario a lo que muchos creen, el éxito de las películas de M. Night Shyamalan, como El sexto sentido, El protegido, Señales o La Villa, no está en realidad en los giros sorpresivos, sino en el cuidado que el director le pone a la construcción de los personajes y las relaciones. Al hacernos preocupar por ellos y al poder sentir lo que ellos sienten, Shyamalan logra que sus giros tengan impacto. A eso se le suma un meticuloso cuidado para que el giro sea orgánico y lógico, no un recurso traído de los cabellos.

Hacer lo que hace Shyamalan es muy difícil. El cine de Hollywood está lleno de películas con giros sorpresivos, que terminan convirtiéndose en desastre, debido al afán efectista y al descuido por la historia y por los personajes. Este error se lleva a su máxima expresión en la película colombiana Perseguida, todo un atentado contra el sentido común y la razón, dirigido por Yesid Leone Moreno (sin ninguna relación con el maestro del Spaghetti Western, Sergio Leone).

La segunda película de Leone (luego de la horrenda 11 grados de culpa) cuenta la historia de Mariana Durán (encarnada por la extremadamente sobreactuada María Gaviria), una mujer que una noche presencia el asesinato de los padres de una niña llamada Annie. Mariana se lleva a Annie a su casa, se obsesiona con protegerla (al estilo de Bruce Willis con el niño autista de Mercury Rising), y decide no contarle nada a la policía, sin importar que ella fue testigo y que ambas pueden estar en la mira de los asesinos. La mujer tiene una pareja que la engaña con su mejor amiga, acude a un psiquiatra del que depende (un poco creíble Roberto Escobar), hay una policía que indaga sobre el caso (Géraldine Zivic) y Mariana posee un pasado oscuro y misterioso. Si el espectador no infiere que hay algo que no cuadra con la historia y que todo apunta a un giro sorpresivo, es que no sabe quién es M. Night Shyamalan, o nunca ha visto una película de suspenso en su vida.

Las revelaciones finales podrían haber funcionado si obedecieran a unos principios mínimos de lógica o si el espectador sintiera algún interés o algo de empatía por la exasperante Mariana (que parece una caricatura mal hecha de Carrie Mathison, la agente bipolar interpretada por Claire Danes en la serie Homeland). El resultado es una serie de disparates camp más absurdos que los de Scooby-Doo, los cuales generan más risa que tensión y nos llevan a desear con ansias una nueva película del maestro Shyamalan.


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