Pesadilla siniestra

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La interesante propuesta de adentrarse en el mundo de los trastornos del sueño se diluye en lugares comunes, problemas de verosimilitud y actuaciones irregulares.

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 28 Sep de 2018

Jonathan Hopkins / Maggie Q, Sylvester McCoy, Kristen Bush

Foto cortesía de Cine Colombia


El misterio que rodea el sueño siempre ha fascinado a los seres humanos. Sería abordado por primera vez desde un paradigma científico a finales del siglo XIX, cuando Sigmund Freud lo estudia como parte de su teoría psicoanalítica en La interpretación de los sueños. Y no sería sino hasta mediados del siglo XX, cuando investigadores como Alfred Loomis, Nathaniel Kleitman y William Dement lo exploran desde una perspectiva neuropsicológica, creando lo que actualmente se denomina como la onirología, o el estudio científico del sueño.

Películas como Proyecto Brainstorm, Paprika, La ciencia del sueño y El origen, han abordado el fenómeno del sueño desde la ciencia ficción y la fantasía. Pero también ha sido fuente de inspiración para películas de terror como la saga de Freddy Krueger, el documental sensacionalista The Nightmare, la cinta con toques de fantasía Somnia y esa inocente película llamada Vienen por ti. Y es en esta vertiente donde se encuentra Pesadilla siniestra, el primer largometraje del director Jonathan Hopkins, quien propone una historia interesante. La protagoniza Alice (Maggie Q), una científica del sueño y madre de familia, quien de pequeña perdió a su hermano menor en un accidente resultado de su sonambulismo y que ahora dedica su vida a ayudar a personas que padecen de parasomnias (o trastornos del sueño).

Al consultorio de Alice acude una familia conformada por una pareja de esposos y dos hijos pequeños con una condición muy particular. Todos sufren de parasomnia. Y la investigación del caso llevará a Alice a descubrir un trasfondo paranormal en su sueño irregular, que se remonta a las leyendas sobre un demonio que habita el mundo de los sueños.

Es una pena que una premisa tan interesante se diluya en una serie de actuaciones irregulares y de serios problemas de verosimilitud, los cuales incluyen a una experta sobre el sueño que consulta demasiado Wikipedia y que se convence fácilmente de la existencia de demonios oníricos; una niña que una y otra vez encuentra unas peligrosas tijeras para podar, un niño magullado que se da de alta rápidamente en un hospital y un plan para derrotar al demonio traído de los cabellos. A esto se le suman una serie de sustos facilistas y un anciano excéntrico copiado de Poltergeist e Insidious, que contribuyen a ubicar a Pesadilla siniestra en el grupo de las numerosas decepciones cinematográficas relacionadas con el sueño y a establecerla como un producto que, en vez de provocar pesadillas, causa somnolencia.


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