Pie pequeño

3.00

Una divertida película animada acerca de un yeti y un humano, que busca enseñarles a los niños (y a uno que otro adulto) el valor del pensamiento científico

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 11 Oct de 2018

Karey Kirkpatrick, Jason Reisig / Con las voces de Channing Tatum, James Corden, Zendaya, Lebron James, Common, Danny DeVito

Foto cortesía de Warner


Pie Pequeño es un musical animado que invierte la historia tradicional de esa criatura conocida como “Pie Grande”, “Sasquatch”, “El Abominable Hombre de las Nieves” o “Yeti”. Para estas criaturas, las cuales habitan en lo más alto de las montañas, los seres humanos (llamados por ellos “Pie pequeños”), son toda una leyenda. Sin embargo, un Yeti llamado Migo (Channing Tatum) cree haber visto a uno de ellos.

Hasta aquí se plantea una premisa más que suficiente para realizar una película infantil muy divertida. Sin embargo, los guionistas son nada menos que John Requa y Glenn Ficarra (los directores de las estupendas comedias I Love You Philip Morris, Loco y estúpido amor y Whiskey Tango Foxtrot) y ellos poseen la inteligencia suficiente para no quedarse en el mero entretenimiento.

En la historia escrita por Requa y Ficarra (junto con el codirector Karey Kirkpatrick) e inspirada en el libro Yeti Tracks de Sergio Pablos, la villa de Yetis vive totalmente alienada por una serie de creencias basadas en la fe: ellos creen que vienen de la excreción de un animal divino y que el sol es un caracol gigante que hay que despertar todas las mañanas con el sonido de un gong. Detrás de estas y otras más ideas absurdas, se encuentra el Guardián de las Rocas (Common), su líder, quien aconseja al pueblo sumergir en el olvido cualquier tipo de duda o pregunta sobre su existencia, para así vivir felices en la ignorancia.

La frase de Marx “la religión es el opio del pueblo” cobra aquí una especial importancia, ya que el eje central de Pie pequeño no radica en el encuentro de Migo con el humano llamado Percy (James Corden), un presentador de televisión que decidió abandonar el enfoque didáctico y educativo de su programa sobre la naturaleza, sino que toma un rumbo sensacionalista y mucho más atrayente (cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia). Lo que en realidad importa en este musical animado es que le muestra a su público cómo la búsqueda del verdadero conocimiento es algo arriesgado, angustiante, complejo y difícil, y cómo la vida basada en el pensamiento mágico es cómoda y tranquila, pero, al mismo tiempo, idiotizante e ilusoria.

Esta cinta invita a sus espectadores a pensar por sí mismos, a desconfiar del criterio de autoridad y a dejar atrás el conformismo y la comodidad de la obediencia. Es cierto que este tema ya se había abordado de una manera mucho más elocuente y efectiva en esa obra maestra del cine infantil llamada La gran aventura Lego. Pero en este “nuevo oscurantismo”, caracterizado por el dogmatismo, el fanatismo, ese absurdo llamado la “post-verdad” y el rechazo y la desconfianza hacia la ciencia, este mensaje debe transmitirse con suma insistencia a las nuevas generaciones: es cierto que el conocimiento científico es incierto y genera más interrogantes que respuestas, pero es el difícil camino que todos deberíamos seguir, si es que nos consideramos miembros de la especie homo sapiens.


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