Roma

4.00

Alfonso Cuarón regresa al México que lo vio crecer haciendo la mejor película de su carrera, una seria candidata al Óscar y una de las mejores cintas mexicanas de todos los tiempos

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 13 Dec de 2018

Alfonso Cuarón / Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Diego Cortina Autrey


Los mexicanos se han apoderado del cine. González Iñárritu se llevó a casa el Óscar a la Mejor Película con Birdman, Guillermo Del Toro hizo lo propio con La forma del agua. Es el turno para Cuarón con Roma, que respira grandeza y verdad, capaz de elevarla en su tono personal y en la maestría fáctica, sobre los premiados trabajos de sus colegas y amigos. Guillermo Del Toro la menciona como una de sus películas favoritas de todos los tiempos y no es para menos.

Cleo (la actriz natural Yalitza Aparicio, que cautivó a Cuarón al confesar que hablaba mejor mixteca que español), es una empleada doméstica de origen indígena que en Roma se encarga de construir puentes entre poesía y cotidianidad, maternidad y muerte o entre familia y soledad. Sus diálogos con el hijo menor de la familia “que insiste en haber sido muchas cosas y haber vivido muchas vidas”, se pronuncian sin acento premeditado; se susurran como los cantos ancestrales con los que arropa a estos niños de clase media alta, quienes, en ese año decisivo, ante la ausencia del padre aprenden a abrazarla como miembro de la familia.

Cuarón nunca ha evadido caminar por la acera del comentario social y político, ni gravitar entre sentido autoral y senderos comerciales. Su filmografía está conformada por tres preciosas adaptaciones; (La princesita, Grandes esperanzas y Harry Potter y el prisionero de Azkaban), dos clásicos de la ciencia ficción (Los niños del hombre y Gravedad), y una de las cintas eróticas más inquietantes de todos los tiempos (Y tu mamá también). Roma se revela como un prodigio en su ya luminosa cinematografía.

Roma (el nombre de la colonia donde creció), está basada en sus recuerdos y recorre esos lugares. El propio Cuarón (que también escribió, produjo y dirigió) se encargó de la dirección de fotografía; narra visualmente articulando planos secuencia envolventes, paneos que fluyen en la cotidianidad y acciones que saltan dentro y fuera de la pantalla. A veces Roma sucede a la luz de una vela, en la intimidad de habitaciones sensiblemente recreadas, o ante imponentes mareas de extras. Siempre la cámara encuentra una verdad.

Su conmovedor respeto por la imagen converge con un universo sonoro abrumador, capturado a través del avanzado sistema Dolby Atmos que Cuarón había experimentado en Gravity. La cinta capturada en un blanco y negro ultra-realista (en formato de 65 mm), no tiene nada que envidiarle al trabajo de Emmanuel Lubezki, colaborador recurrente del director.

Cuarón no solo se basa en sus vivencias, también está influenciada por los trabajos autobiográficos de Fellini, así como en el cine francés de Renoir y de Truffaut. Se percibe una generosa influencia de Dickens y Tolstoi, autores que nos mostraron desde una mirada ingenua o infantil los eventos traumáticos que marcan la existencia.

Si usted tiene la oportunidad de verla en una sala de cine o en plataformas digitales no la deje pasar. Es definitivamente la mejor película del año. Lo más cercano a un milagro cinematográfico.


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