Stranger Things 3

3.00

La serie de ciencia ficción ambientada en los 80 regresa con más fuerza que nunca, mezclando las aventuras en medio del verano con los cambios adolescentes de los protagonistas

por ALAN SEPINWALL | 03 Jul de 2019

El grupo de amigos vuelve, liderado por Millie Bobby Brown (centro).


Hoy en día es común decir “esto no es una serie, es una película de X horas”, pero ningún programa se ha acercado tanto a esta idea como Stranger Things. El show está lleno de nostalgia ochentera con referencias a cintas (o, a veces, libros adaptados a largometrajes) de la época de Steven Spielberg, John Carpenter y Stephen King. En lugar de nombrar cada entrega como primera o segunda temporada, han preferido utilizar títulos de películas: Stranger Things 2 y Stranger Things 3.

Sin embargo, esta idea de “es una cinta, pero más larga” ha llevado a una plaga de narrativas mal estructuradas, pero Stranger Things se ha convertido en el ideal de una “película alargada”. Sus temporadas son compactas (regresamos a ocho episodios después experimentar con nueve en la entrega pasada), así que no se siente que hay relleno como en Jessica Jones o Bloodline. Tiene un elenco cada vez es más grande, con personajes coloridos que mantienen con vida una trama en la que vale la pena meterse. Además, los hermanos Duffer (sus creadores) saben manejar el ritmo y los estados de ánimo para presentar, en el momento adecuado, una escena de acción o de suspenso.

La tercera temporada es lo más cercano a una película de Stranger Things. La visión es mucho más amplia, desde la dependencia de los efectos digitales, hasta el número de extras con ropa de los 80 en muchísimas escenas (lugares esenciales: la piscina pública, la feria y, el más importante, el centro comercial). Netflix me ha prohibido hablar incluso de lo más básico de la historia (incluyendo la identidad de los villanos humanos, que son presentados en la primera escena), aunque todavía no estamos al nivel de “Daenerys Targaryen destruye King’s Landing”, hemos recorrido un gran camino desde que cinco niños se enfrentaron a un monstruo en el colegio.

Lo chistoso de contar una historia que regresa cada año a la televisión es que, así estés intentando hacer una película larga o no, sigue siendo una serie. Los momentos más emocionantes de Stranger Things 3 son los más televisivos. Lo mejor del show se ha convertido en cómo ha evolucionado en una comedia con algunos ataques de monstruos.

Siempre hay un grado de brillo en una serie sobre cuatro niños nerds –Mike (Finn Wolfhard), Dustin (Gaten Matarazzo), Lucas (Caleb McLaughlin) y Will (Noah Schnapp)– que pelean contra demonios con una niña que ama los waffles, tiene el poder de la telequinesis y se llama Eleven (Millie Bobby Brown). Al pasar la historia al verano, los Duffer y sus colaboradores se siguieron alejando de la oscuridad. Hay más acción a plena luz del día, y los personajes lanzan más chistes e insultos.

En los primeros episodios David Harbour muestra todo su talento como actor de comedia, mostrando el desespero de Hopper al saber que su hija adoptada, Eleven, está dándose besos con Mike. Su cara es una oleada de caras y juegos con su bigote y cejas. Es fabuloso verlo enloquecer por un tema familiar tan común, así como resuelve la tensión sexual con Joyce (Winona Ryder), la madre de Will, con discusiones sin sentido (Ryder le recuerda a todo el mundo lo chistosa que puede ser. Eso significa que su regreso ya es un hecho, ¿no? Ahora, por favor, que esté en todos lados).

Una gran parte de la tensión entre los personajes se debe a las hormonas de los protagonistas. Mike y Lucas se la pasan ofendiendo y disculpándose con Eleven y Max (Sadie Sink), mientras que el pobre Will solo quiere que todos dejen de darse besos para jugar Calabozos y Dragones. Dustin regresa de un campo de verano hablando de una nueva novia que vive en Utah, a diferencia de su nuevo mejor amigo Steve (Joe Keery), que va perdiendo su encanto hasta convertirse en un chiste de Robin (Maya Hawke, hija de Uma Thurman y Ethan Hawke), su compañera de trabajo/traga.

Nancy (Natalia Dyer) y Jonathan (Charlie Heaton) tienen problemas en su relación cuando ella no logra adaptarse al trabajo en el periódico de Hawkins. Mientras tanto, Karen (Cara Buono), la mamá de Nancy y Mike, le coquetea a Billy (Dacre Montgomey), el hermano de Max, que ahora trabajo como salvavidas en la piscina del pueblo.

Todo esto se siente mucho más natural teniendo en cuenta todo el tiempo que hemos pasado con estos personajes y la química que hay entre los actores. ¿Quién pensaría que Dustin y Steve serían los amigos más entretenidos de la serie? Junto a Robin, que se roba la atención en cada escena, y Erica (Priah Ferguson), la hermana de Lucas que prácticamente crea su propio show dentro del programa, convierten a este nuevo grupo en un cuento aparte.

La inocencia de Eleven, que creció en un laboratorio del gobierno, siempre ha chocado con la forma en que viven los otros niños, pero cuando Mike se complica intentando entender a las mujeres, finalmente pone a los dos en el mismo nivel emocional, dándole un toque de comedia que no existía antes.

En un punto la trama aparece, involucrando algunas pesadillas del Upside Down y un nuevo grupo que busca explotar esa división entre los dos mundos. Pero toda la conversación de Demogorgons y monstruos se siente como un punto aparte, un MacGuffin para dividir al elenco en grupos más pequeños y crear una narrativa en la que se puedan poner las referencias a la cultura pop. Estas últimas son más evidentes que antes, incluyendo una figura parecida a Terminator que uno de los personajes llama Arnold Schwarzenegger y una escena en la que un tipo malvado parafrasea un diálogo de Duro de matar. También hay un chiste recurrente sobre la New Coke, que lleva a que alguien hable de lo buena que es. Parece que es la primera serie original de Netflix con un comercial.

Esta puede ser la temporada más atractiva, de lejos, incluso si las escenas de acción, al igual que la amenaza del Upside Down, son algo repetitivas (Eleven siempre llega a tiempo cuando un alguien está a punto de morir). Pero el crecimiento de los personajes, ya sea en edad o, en el caso de Hopper y Joyce, a través de las enseñanzas de los traumas del pasado, hace que se sientan diferentes y sorprendentes, incluso si la historia recorre un camino que habíamos visto antes.

El final hace que la serie explote. Puede llevar a una última y cuarta temporada, o se puede resolver con un par de capítulos si los Duffer se sienten más cómodos siguiendo una fórmula que ha funcionado. La gente suele estar contenta viendo lo mismo en las secuelas, y eso sucede con la franquicia de películas más taquilleras o con la nueva entrega de las series de televisión exitosas como Stranger Things.

Stranger Things 3 se estrena el 4 de julio. Vi los ocho episodios.


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