Taylor Swift

4.00

El séptimo álbum de la estrella pop se trata de regresar a los 80, la libertad que se siente al crecer y las emociones que todo hemos sentido

por NICK CATUCCI | 26 Aug de 2019

El nuevo disco de Taylor Swift es, finalmente, sobre ella misma. Valheria Rocha/TAS Rights Management


Taylor Swift explora nuevos territorios en Lover, su séptimo disco. Cuando llega It’s Nice to Have a Friend ya es un terreno inexplorado. Por un lado, es la canción número 17 del álbum, el primero en tener más de 16 cortes. Pero lo más importante es que no se trata de tener 16, 22 o 29 años, su edad actual. Es sobre ser una niña de seis o siete, mientras camina por la nieve del colegio a la casa.

Lost my gloves / You give me one / Wanna hang out? / Sounds like fun” [Perdí mis guantes/ me das uno/ ¿quieres salir?/ suena divertido], canta Swift. No hay beat, ni banjo, ni metáforas, ni mensajes escondidos. En cambio, hay tambores metálicos, vientos y un coro. Parece el final de 2001: Odisea del espacio, un viaje espacial (aunque también personal) que termina en un pequeño planeta. Por dos minutos y medio Swift se olvida del drama y los corazones rotos que la han caracterizado desde su adolescencia, para abrazar esta pequeña y hermosa canción.

Ella siempre ha sido vulnerable, es ahí donde también ha encontrado su fortaleza. Desde Madonna, se espera que las estrellas pop se reinventen y que parezca que no envejecen (algo imposible que, de algún modo, ha afectado a Lady Gaga y Katy Perry). Al compartir de forma sincera sus sentimientos sobre las relaciones que salen en las secciones de farándula, Swift ayudó a abrir un espacio para artistas como Ariana Grande.

Cuando se metió de lleno en el pop no se transformó, sino que se tomó un nuevo territorio. Puede que Grande también haya agarrado algo de eso cuando se acercó al hip hop. Si Ariana, Billie, Halsey y compañía se ven tan naturales, es, en parte, porque Taylor trabajó para poder hablar sin tapujos.

Lover es más una evolución que una revolución, y se siente como una epifanía: libre y sin afanes, sin obligaciones, representa a Swift en libertad y la presenta disfrutando sin ataduras. El álbum fue hecho en colaboración con Jack Antonoff y renueva el sonido del pop rock ochentero. Paper Rings parece una unión de Cars, Eddie Money y Go Go’s, mientras que en Cruel Summer (que escribió con Antonoff y Annie Clark, mejor conocida como St. Vincent), cuenta la historia de un amor doloroso en menos de tres minutos. Cuando canta, “Out the window / I’m always waiting for you to be waiting below” [Afuera de la ventana/ siempre estoy esperando a que estés abajo], debes imaginar a John Cusack en Digan lo que quieran.

Swift ajusta su marco de referencia cuando es necesario. En I Forgot That You Existed menciona a Drake para declarar su indiferencia ante los odiosos. Pero, en general, se la juega por emociones y situaciones identificables. False God puede pasar desapercibida, pero tiene un coro que, bueno, solo dejaré acá: “Religion’s on your lips / Even if it’s a false god / We’d still worship / We must just get away with it / The altar is my hips” [La religión está en tus labios/ así sea un dios falso/ igual lo adoramos/ debemos/ solo debemos escaparnos/ al atar son mis caderas]. Con Miss Americana and the Heartbreak Prince lanza un comentario político escondido al referirse a los chicos malos de bachillerato celebrando.

Igual hay mucho más material para los que aman y odian a Swift. The Man es una crítica a la doble moral , mientras que en London Boy habla de todo lo que le gusta de su novio Joe Alwyn. Soon You’ll Get Better es una balada para su mamá, cuyo cáncer regresó este año. Lo que sea que se tome de estos temas, todos son para una sola persona: Taylor Swift. Por fin.


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