Tool

3.50

La banda regresó al estudio tras 13 años de rumores, chismes y silencio

por WILL HERMES | 10 Sep de 2019

Tool. Travis Shinn


Tool demuestra su relevancia con Fear Inoculum

El primer álbum de Tool en 13 años comienza como una sinfonía europea con tonos electrónicos. Lo que parece una cítara es complementado por la batería de Danny Carey, la guitarra de Adam Jones y el bajo de Justin Chancellor. A pesar de tener 55 años, la voz de Maynard James Keenan se mantiene joven, cantando en tonos de oración sobre contagiarse, el veneno y la inmunidad; sobre la locura, el espectáculo y el exorcismo. Mientras las seis cuerdas se mueven entre funk turco y metal noruego, la canción crece y avanza hasta terminar con la potencia del doble bombo.

Ese es Fear Inoculum, el primero de seis cortes que duran más de 10 minutos. En total, el disco se extiende por una hora y 27 minutos. La música se toma su tiempo. Pneuma parece el ritmo que se utiliza para respirar durante yoga: hay sintetizador con tono árabe que luego desaparece; crescendos de heavy metal; y una intensidad intermitente que parece una versión abstracta de Led Zeppelin.

Con letras que aluden a la mítica búsqueda de Ponce de León por la fuente de la eterna juventud, Invincible [Invencible] debería ir entre comillas. Ahí se entrecruza el sonido de un mbira y la guitarra con afinación baja. También está el eco de las otras canciones: una línea en sintetizador como la de Pneuma; la voz de Litanie Contre la Peur. Hay un solo de guitarra maravilloso y la batería es ridícula, casi súper humana.

La segunda mitad no es menos impactante, sobre todo con Descending, que puede ser lo mejor del álbum. Empieza con el sonido de las olas estrellándose, tal vez el océano subiendo, con una voz que parece que sonara debajo del agua (acá es evidente el aporte un veterano del dark ambient como Lustmord). “Despertemos de nuestra apatía, o dejaremos de existir”, dice Keenan, advirtiendo del apocalipsis que se viene y de lo que hace falta para detenerlo. Después vuelve otra ola llena de pasajes técnicos instrumentales para reclamar su espacio.

Sí, Fear Inoculum es un muy buen disco de Tool. Pero, ¿qué significa un álbum de Tool en 2019? En términos económicos, parece que bastante: Forbes predijo que el LP sacaría a Lover de Taylor Swift del Número Uno en su primera semana. Eso puede sonar sorprendente, pero el éxito de esta banda siempre ha sido gigantesco. Incluso en los 90 durante los mejores días del nu metal, sus construcciones progresivas y filosofía psicodélica llevaron a Keenan y compañía a lo más alto de los listados. Al grupo parece que no nunca le importó el mundo de la música comercial, pero siempre se mantuvo con una fuerza de escala pop.

¿Qué significa Tool, culturalmente, en 2019? Eso es más complicado. El hard rock y el heavy metal se han convertido en prácticas artesanales, que encarnan rituales como solos de guitarras y kits de baterías que llaman la atención. La energía del “macho” que suele estar ahí es sospechosa en esta época, y existen razones para dudar. En el caso de Tool, algunos medios se han referido a la acusación de violación que recae sobre Maynard y que se conoció a través de Twitter. Por ahora no se la ha denunciado formalmente, pero es algo difícil de ignorar, sobre todo con la historia que carga el rock y la costumbre de celebrar su machismo.

Aunque Tool siempre ha sido una banda misteriosa, parece que se refiere al tema en este disco. Lo más obvio está en Invincible, con frases como “un guerrero luchando por mantenerse relevante”, que no son comunes en grupos como estos, y que sonarían ridículas sin la majestuosa música que hay atrás o la entrega de Keenan, que le imprime una profunda sensación de tristeza. Culling Voices, por su parte, parece una diatriba contra la humillación pública en redes sociales. “Juzga, condena y destierra a todos/ sin evidencia”, canta el vocalista.

La última canción es la más larga. 7empest dura 15 minutos y muestra el gusto de la banda por compases con siete golpes y la última obra de Shakespeare, The Tempest. “Una tormenta…debe…ser…solo…eso”, dice Keenan, escupiendo palabras mientras la guitarra aúlla y las olas del doble bombo caen con fuerza. Después regresa la cítara del inicio. Así termina esta obra maestra que debería resistir el paso del tiempo, ya sea como un disco que definirá esta época o como una reliquia de un arte que tuvo su momento.


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