True Detective

3.00

Nic Pizzolatto, creador de la serie, vuelve a utilizar la exitosa fórmula de la primera temporada, aunque no tiene los mismos resultados

por ALAN SEPINWALL | 21 Jan de 2019

/ Mahershala Ali,Carmen Ejogo, Stephen Dorff, Scoot McNairy, Ray Fisher

Mahershala Ali y Stephen Dorff. Warrick Page/HBO


En la tercera temporada de True Detective, Mahershala Ali interpreta a Wayne Hays, un policía de Arkansas que investiga el asesinato de un niño en tres épocas diferentes: en 1980, cuando su paso por la Guerra de Vietnam aún lo atormenta; en 1990, cuando es un hombre de familia que busca revivir su carrera; y en 2015, una vez se ha retirado, es viudo y lucha contra la demencia mientras un documental de televisión busca reabrir la investigación. Cuando la gente se pregunta por qué el viejo Hays quiere regresar a un tema tan oscuro, él explica que repasar la historia le ayuda a su memoria.

Esto es, a grandes rasgos, lo que el creador de True Detective, Nic Pizzolatto, quiere lograr en la tercera temporada (hasta ahora he visto los primeros cinco episodios). La nueva historia tiene la misma estructura de la primera entrega. Hay un investigador increíble que tiene problemas personales, interpretado por un gran actor ganador de un Premio Óscar. El misterio se alarga a tres épocas distintas y muestra al personaje principal siendo entrevistado, mientras recuerda su pasado. El asesino incluso deja figuras hechas con materiales naturales (antes eran ramas, ahora son muñecas con hojas de maíz) cerca de las víctimas. Parece que Pizzolatto quiere bloquear cualquier recuerdo de la segunda temporada.

Es una decisión que tiene sentido, pero es algo cínica. En la segunda entrega, Pizzolatto respondió a las críticas de la primera con una trama más grande y complicada, personajes femeninos más importantes y todo lo que se hablaba que hacía falta en la interacción entre Matthew McConaughey y Woody Harrelson (*). Al final, el primer camino que tomó era el correcto. A pesar de las fallas de la primera temporada, Pizzolatto le atinó al enfocarse en los dos protagonistas, dejando a un lado los otros personajes y partes importantes de la historia. La segunda temporada tuvo una narrativa mucho más suelta, escribió personajes femeninos y homosexuales, y cambió otros aspectos de la fórmula. Por eso ha regresado a la misma estructura de la primera vez, para resucitar un nombre que muchas gente hubiera estado tranquila si no resurgía.

(*) En últimas, la voz creativa más importante no es Pizzolatto ni las grandes estrellas, sino Cay Joji Fukunaga. Él dirigió la primera temporada y llenó una historia que no tenía mucha fuerza con imágenes impactantes que terminaron dándole más profundidad de lo esperado. La segunda y la tercera temporada son dirigidas por varias personas (incluyendo a Pizzolatto) y no tienen el mismo efecto visual.

Mientras Hays y su compañero Roland West (Stephen Dorff) investigan el asesinato de William Purcell y la desaparición de su hermana Julie, Pizzolatto sigue usando sus viejos trucos. En los primeros cinco minutos ya nos encontramos con las tres épocas diferentes en dos entrevistas (*), evocando el mismo método de Rust Cohle (McConaughey) y Marty Hart (Harrelson). La inteligencia de Hays no es presentada como una copia del nihilismo intuitivo de Cohle, sino como una esquirla de su trabajo en Vietnam. Pero tanto Cohle como Hays pertenecen al mismo tipo de héroe herido.

(*) El equipo del documental en 2015, que trabaja para una serie llama True Criminal, le pone una capa metanarrativa a la serie, pero no deja claro si se debe tomar en serio a la directora, interpretada por Sarah Gadon, cuando dice, “Estoy interesada en la relación de los grupos marginados dentro de una estructura autoritaria y un sistema racista”.

Ali, como podría esperarse, es fantástico al interpretar a Hays en las tres líneas de tiempo, aunque el maquillaje de anciano en 2015 es más convincente que su peinado en 1980. Como West es un tipo común y corriente, la tercera temporada se convierte rápidamente en una serie enfocada en Ali, con momentos esporádicos en los que sale Carmen Ejogo como Amelia Reardon, una profesora que se enamora del protagonista. (Aunque el show la muestra, principalmente, a través de Hays, Reardon es lo más cercano que ha tenido la serie a un personaje femenino en tres dimensiones. Rachel McAdams estuvo bien en la segunda temporada, pero ese papel pudo hacerlo un hombre con unos pequeños cambios).

Que Ali actúe en televisión no es tan impresionante si se le compara con la interpretación de McConaughey. El actor de la nueva temporada ya ha estado en otras siete series, pero es la primera vez que sale en el medio después de ganar el Óscar y ser portada de las revistas. Es grandioso –al mismo tiempo es carismático y vulnerable, amable y autodestructivo– y la relación Hays-Reardon permite a Pizzolatto explorar cómo es crecer y vivir en una comunidad en la que te miran como un alienígena por ser negro. Cuando Hays le pregunta a una testigo blanca si el sospechoso afroamericano era apuesto, ella responde, “Como dije, él era negro”.

Pero el papel, al igual que la serie, es bastante siniestro. Parece un chiste que Hays le diga a Reardon que le gusta reír, solo unas escenas antes de amenazar a un sospechoso que sangrara pene negro después de ser violado en prisión. En lugar de la cortina de humo supernatural del Rey Amarillo en la primera temporada, esta vez hay pistas del estrés postraumático que sufren Hays y Woodard (Michael Greyeyes), un indígena que fue a Vietnam y ahora vive de recoger y vender chatarra. Esto permite que Pizzolatto juegue con imágenes surreales sin molestar a la audiencia cuando el “misterioso monstruo” termina siendo humano.

Al principio, el eco de la historia original es agradable, como si hubieran aprendido la lección del desastre de la segunda temporada con Vince Vaughn y Colin Farrell. Pero con el paso de los capítulos, la actuación de Ali es lo único que logra esconder lo monótona que se siente esta entrega. Hay algunos momentos en los que despega (o al menos parecen clichés bien hechos) y otros en los que todo se siente como el drama de un antihéroe en una época en la que la televisión se ha alejado de estos temas tan quemados.

Cuando Hays insiste en alargar la búsqueda de Julie Purcell al final de un largo día, West le dice, “Está muy oscuro”. “No me importa”, responde el protagonista, capturando el espíritu de True Detective, el pasado, el presente y tal vez el futuro.


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