Tyler, the Creator

4.50

El MC se confiesa con una historia de despecho que navega sobre beats agresivos y melodías R&B y funk

por DAVID VALDÉS | 11 Jun de 2019


Se han escrito más de 10 millones de canciones sobre desamor, pero Tyler, The Creator demostró que no se trata sobre qué cuentas sino cómo lo cuentas. El rapero y productor estadounidense acopló sus sentimientos más puros, tiernos, transparentes y psicóticos en su último álbum, Igor, el mismo nombre del alter ego que protagoniza la historia.

Además de que Tyler desparrama sus emociones sin ningún filtro, rapea, canta, aulla y se lamenta sobre melodías R&B, funk y soul. Su voz se desplaza por baladas sobre un piano, bajos rompetímpanos, voces suaves y repetitivas y samples maravillosos. Y pasa por todas las fases de un enamoramiento malogrado e inútil. Suplica sin pena y se culpa (EARFQUAKE), se pregunta cómo confesar su amor (I THINK, donde se nota la influencia de Kanye West), enfrenta su mayor miedo (A BOY IS A GUN, una analogía grandiosa), se siente manipulado (PUPPET) y finalmente lo supera y asume la realidad (I DON’T LOVE YOU ANYMORE).

La agresividad y la sinceridad de Tyler permitieron que el álbum sea empático con una relación tóxica, una relación imposible o simplemente una relación fantasiosa. Si están entusados y/o enamorados (o, para los masoquistas, si quieren estarlo), la orquesta versátil y electrónica del MC les recordará su depresión, pero también les dará la fuerza suficiente para salir adelante. Un refugio de casi 40 minutos y una de las tantas curas caseras contra el desamor.


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