Yo no me llamo Rubén Blades

3.00

Un documental ideal para todos aquellos que quieran conocer a uno de los grandes de la salsa, pero que dejará inconformes a los fanáticos.

por ANDRÉ DIDYME-DÔME | 17 Sep de 2018

Foto cortesía de Cinecolor


El director panameño Abner Benaim (Chance, Empleadas y patrones, Invasión), nos presenta un documental que, de acuerdo con las palabras de su protagonista, servirá de testamento para su obra.

Yo no me llamo Rubén Blades es un trabajo que le permite a los neófitos conocer la carrera de uno de los músicos de salsa más grande de todos los tiempos. Rubén Blades (ese es su nombre verdadero), se formó como abogado y luego pasó a ser un empleado de correo para el mítico sello disquero Fania, el cual se convirtió en los años setenta en el epicentro de este género musical nacido en la ciudad de Nueva York. Blades pasó de ser un mensajero para convertirse en el cantante de Ray Barreto y luego encontrar la fama en una serie de grabaciones legendarias junto a Willie Colón, y luego como solista en los años ochenta.

El documental de Benaim sigue a su compatriota, quien comparte diversos aspectos de su vida y obra frente a las cámaras. Asimismo, este trabajo muestra evidencias del enorme talento de Blades, con videos que registran la interpretación de sus canciones inmortales como El cantante (convertida en éxito por Héctor Lavoe), Pedro Navaja, Decisiones, Plástico o Tiburón, que lo consagraron como el autor de la “salsa intelectual” y como un excelente narrador de historias.

Rubén Blades también nos habla de su faceta como actor (el músico ha trabajado junto a actores de alto calibre como Jack Nicholson, Robert Redford, Robert De Niro y Danny Glover en una filmografía que cuenta con más de 30 películas y varias series de televisión). Se abordan sus ideales políticos (fue candidato a la presidencia de Panamá en 1994), cuenta con testimonios de amigos, familiares y colegas, y nos revela aspectos poco conocidos de su vida, como su obsesión por coleccionar cómics y juguetes, los cuales nunca pudo tener cuando era niño.

La película alcanza a tocar aspectos oscuros de la vida de Blades como su pelea con Fania y la aparición de un hijo a quien conoció cuando ya tenía 37 años. Pero se siente un fuerte control por parte de Blades sobre qué puede decirse y qué no (“nunca dejo entrar a nadie a mi casa, primera y última”, dice en algún momento). Tal vez, por esta razón, Yo no me llamo Rubén Blades es un documental ideal para aquellos que conocen poco o nada sobre la vida y obra del músico, pero quienes han seguido de cerca su carrera, quedarán deseando más. Conocer los detalles y secretos sobre el proceso de grabación de sus discos más emblemáticos y profundizar en sus destacadas incursiones cinematográficas y televisivas, hubiera convertido a este documental en un retrato perfecto.


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